¿Por qué la naturaleza forma exoplanetas tan fácilmente?

Nadie puede negar que estamos viviendo el momento más importante de la astronomía exoplanetaria. Todos los días hay alguna noticia nueva relacionada con el descubrimiento de algún planeta fuera de nuestro sistema solar, algún nuevo dato sobre la posible composición de la atmósfera de un cuerpo situado a decenas sino cientos de años luz de nuestra Tierra, hallazgos de mundos cada vez más parecidos al nuestro, dentro o fuera de la zona habitable de sus estrellas,….

Toda esta explosión de datos se la debemos, fundamentalmente, al telescopio espacial Kepler, al COROT y a algunos observatorios en la superficie terrestre que colaboran corroborando los descubrimientos o haciendo nuevos.Es tal la progresión que quizás el número de exoplanetas conocido haya aumentado de aquí a que termines de leer el post.

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algunos de los sistemas planetarios conocidos hasta la fecha

Toda este caudal de información nos lleva a reflexionar sobre lo fácil que la naturaleza crea planetas. Teniendo en cuenta que acabamos de empezar a mirar en un pequeño y reducido espacio de nuestro vecindario cósmico, con unos medios que distan mucho de lo que realmente los límites de la física nos permiten. Ascendiendo, solo desde 2009 y solo por el Kepler , el número de candidatos a más de 3.000. Son muchas pistas que nos indican que los planetas en el universo son algo muy común.

Ahora mismo existen dos grandes teorías acerca de la formación planetaria. Una es llamada acreción de núcleo donde pequeños objetos se combinan para formar otros más grandes, la otra se conoce como inestabilidad gravitacional y es justo al contrario de la anterior, grandes nubes de gas y polvo se fragmentan en pequeñas partes.

Estos dos modelos son los que nos basamos por ahora, pero se intuye que existen muchos otros procesos que influyen en su formación. Sería lógico pensar que el modelo de acreción es el más común para formar planetas rocosos y los gaseosos vendrían como resultado de la inestabilidad gravitacional, y esto es algo que no siempre se cumple.

Construir planetas rocosos y hacerlo con la prevalencia con la que estamos viendo que existen es exigir demasiado a la teoría de acreción de núcleos. Hay que empezar con granos de polvo de tamaño mucho menor que un metro y terminar con un planeta entero, encima estas partículas deben enfrentarse al viento que forma el gas de sus proximidades, lo que puede hacer todo este proceso mucho más lento y costoso. Debe haber cosas que se nos escapan, lo que estamos observando nos dice que así debe ser. No es posible que se formen planetas de tipo rocoso tan rápido (como ya vimos en un post anterior dedicado a las enanas rojas y sus mundos habitables ) y de forma tan común solo siguiendo este modelo.

Kepler está destrozando nuestro ideal de sistema solar a medida que avanza en sus descubrimientos. Ya no hablamos solamente de los modelos de formación planetaria, es que al ver los sistemas planetarios que hay alrededor nuestro nos damos cuenta que el nuestro no parece ser “normal”.

La mayoría de sistemas extrasolares tienen un gigante gaseoso muy cerca de la estrella madre, mucho más cerca que los planetas rocosos del mismo sistema. Es como si en el nuestro un enorme Júpiter orbitara a una distancia mucho menor que nuestro Mercurio y que luego, a mayor distancia, aparecieran planetas como Venus y la Tierra. No somos un ejemplo a seguir en nuestro vecindario cósmico.

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algunos ejemplos de sistemas extrasolares descubiertos comparados con el nuestro

De lo único que estamos seguros es que al universo le gustan los planetas, es un paso más de su natural evolución. Además, nos damos cuenta que los forma con una facilidad asombrosa, son tan comunes como lo puede ser la formación de galaxias o el estallido de supernovas, solo que hay procesos en el cosmos que nos es más fácil de observar.

La nueva generación de telescopios está llamada a arrojar un poco más de luz sobre el tema, consolidando algunas de las teorías que hoy damos como válidas y maltratando otras. Solo tenemos unos pocos conceptos claros por ahora, al universo le encanta formar planetas, le encanta crearlos de todas los tamaños y a todas las distancias de varios tipos de estrellas, quizás al universo le gusta formar vida.

Fuente: astrobites.org

Ha llegado la hora de ir a Marte.

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La Nasa lo ha dicho claro. Si queremos pisar la superficie marciana en 2030 no hay mucho tiempo para establecer un plan y desarrollar las tecnologías que se requieren para tan magna misión.

Estos días se celebra en la Universidad George Washington una importante reunión que marcará el futuro de los viajes tripulados a Marte. En la “Humans 2 Mars Summit” se están colocando las bases de lo que puede ser la mayor gesta de la humanidad, convertirla en la primera especie terrestre en colonizar otro planeta.

Según Charles Bolden, actual director de la agencia espacial, “el interés por ir a Marte nunca ha sido mayor, estamos ahora ante la oportunidad de cumplir lo que pienso que es el destino del hombre, pisar otro planeta”.

Mandar astronautas al planeta rojo requerirá, seguramente, de al menos tres misiones: una para lanzar a la tripulación y el vehículo para el viaje de ida, otra para lanzar el hábitat que los mantendrá con vida en la superficie marciana y otra para lanzar el vehículo que los devolverá a casa.

En total entre 200 a 400 toneladas de equipamiento lanzadas desde nuestro planeta, algo equivalente a lo necesitado para construir la Estación Espacial Internacional. De todas ellas unas 40 deberán ser capaces de aterrizar en el planeta rojo de una sola vez, cantidad muy superior a la única tonelada de peso que ha conseguido poner la Nasa en Marte con el Curiosity.

Y esto solo es la primera parte de un viaje de ida que lógicamente deberá tener una vuelta no menos dificultosa, con un sistema que cumpla a la perfección el objetivo de despegar desde Marte y llevar a la tripulación de nuevo a la Tierra.

La estancia requerirá que la tripulación lleve sus propios sistemas de soporte vital, medicinas, comida, comunicaciones y equipo de navegación. Se estima que podrán aprovechar algunos de los recursos marcianos, como agua y oxígeno, pero, al contrario de lo que mucha gente cree, estas tecnologías aún no existen.

Y todavía queda por hablar de un tema bastante importante. Cómo vamos a proteger a la tripulación de la intensa radiación a la que se verá expuesta durante el viaje y, en menor medida, en la superficie marciana. No hay aún ningún sistema de escudos desarrollado para tal efecto, al menos ninguno que no aumente excesivamente el peso total de la nave, con lo que todo ello supondría.

Estamos en el 2013, todo lo comentado y muchos detalles más, deben estar listos para el año 2020, fecha en la que los ingenieros deben haber decidido la arquitectura de la misión, incluyendo que tipo de propulsión vamos a utilizar y el número de lanzamientos que serán necesarios. En 2025 los lanzadores deben estar listos y las tecnologías requeridas, para que el viaje no sea un completo fracaso, desarrolladas.

Los ingenieros de la Nasa creen que es factible la fecha de 2030, pero solo si nos ponemos a trabajar sin perder un solo segundo desde ya mismo. Un acuerdo internacional es necesario y, lo más importante, la voluntad de ir.

Hasta el 8 de Mayo podemos seguir una de las reuniones que puede reescribir el futuro de la humanidad.

Ha llegado el momento de plasmar en un papel un viejo y antiguo sueño.

Y aún algunas empresas privadas quieren saltarse todos estos pasos e iniciar un viaje suicida en 2018. Es hora de ser realista. Es hora de ir a Marte.

Fuente: space.com

Enanas rojas y exoplanetas: si hay vida extraterrestre debería ser más antigua y evolucionada

Recreación de un sistema planetario alrededor de una enana roja

Recreación de un sistema planetario alrededor de una enana roja

El Havard-Smithsonian Center for Astrophysics (CfA) ha hecho público un artículo donde reflexiona acerca de los nuevos descubrimientos sobre exoplanetas, el tipo de estrellas que orbitan y la posiblidad de encontrar vida en ellos.

En 2010 un equipo de la Universidad de California anunciaron el descubrimiento de un planeta con tres veces la masa terrestre orbitando una estrella cercana justo en el centro de su zona habitable. Este planeta era Gliese 581g, lo que orbitaba era una enana roja y lo hacía una vez cada 37 días. Su masa indicaba que, probablemente, era un planeta tipo rocoso con suficiente gravedad para sostener una atmósfera estable.

La enana roja Gliese 581 está a 20 años luz de nuestro planeta, en la constelación de Libra, y tiene en su haber dos exoplanetas más localizados en su zona habitable, uno hallado en la parte más caliente y otro en la más fría. Las diferentes teorías pueden dar más o menos habitabilidad a estos dos planetas que bordean la zona que consideramos reune condiciones para albergar vida. En estos momentos en los que estamos dando los primeros pasos dentro de la astrobiología, la habitabilidad se centra, mayormente, en que el planeta pueda tener agua líquida y atmósfera. Los factores son muchos más, pero detectar estos dos sería un gran paso.

Lo importante de este estudio se centra en el tipo de estrellas que albergan los planetas mencionados anteriormente, las enanas rojas. Se cree que un 6% de ellas poseen planetas como nuestra tierra (de nuestro mismo tamaño) orbitando en su zona habitable. Este tipo estelar es el más común en nuestra galaxia, aproximadamente un 75% de las estrellas más cercanas son enanas rojas.

Una enana roja es un tipo de estrella con una vida media mucho mayor que nuestro Sol, son mucho más antiguas. Los planetas que las orbitan seguramente se hayan formado mucho antes que nuestra Tierra y si la vida ha tenido alguna posibilidad de prosperar sería, al menos, mucho más antigua en el tiempo que la nuestra, y se supone que más evolucionada.

En este punto del estudio pueden surgir algunas dudas, a mí por lo menos se me plantean. Es lógico suponer que de sistemas planetarios más antiguos surjan formas de vida más antiguas, todo esto suponiendo un planeta con condiciones de habitabilidad adecuada que haya sido capaz de sostener vida y permitir su perpetuidad. Otro hecho es que sea más evolucionada o menos que la nuestra. Cierto que ha tenido más tiempo, y la evolución necesita justamente ese factor para ir perfeccionando los organismos sobre los que actúa, ejemplos varios corretean alrededor nuestra todos los días. Pero que haya conseguido un nivel superior de evolución al nuestro no solo depende del tiempo. Quizás el ambiente en el que se haya desarrollado sea demasiado extremo como para permitir formas muy complejas de vida, quizás tengan suficiente con haber sobrevivido en un equilibrio muy frágil.

Quizás la escasez de nutrientes, las temperaturas extremas o mil factores que no llegamos ni a imaginar no les ha permitido alcanzar un grado evolutivo que se pueda asemejar a nuestra inteligencia, o a ser capaces de constituir una civilización como la conocemos. O quizás todo lo contrario.

Lo que si es cierto es la importancia que las enanas rojas van a tener en la búsqueda de la vida en nuestra galaxia. Son más pequeñas, más frías y menos brillantes que nuestro Sol, y aún así pueden ser cuna de las más antiguas formas de vida del universo.

Solo pensar las múltiples soluciones que puede haber dado la evolución en miles de planetas diferentes a problemas similares causa una sensación de vértigo y ansiedad por conocerlo. Imaginaros lo que pueden dar de si el paso de miles de millones de años en esos planetas, pequeñas formas de vida luchando contra ambientes con una radiación elevada por culpa de una fina atmósfera, temperaturas elevadas por justo lo contrario o por encontrarse muy lejos de su estrella madre (recibiendo el mínimo de luz para sobrevivir), planetas que presentan un mismo hemisferio hacia su sol debido a su periodo de rotación y translación, con una cara con temperaturas elevadas y otra sumida en la perpetua oscuridad, lunas de exoplanetas totalmente fuera de la zona de habitabilidad,… el abanico es increíble, es majestuosamente ancho y diverso.

Quizás nunca podamos investigar un ecosistema exoplanetario, pero la verdad es que la cantidad de información y de conocimiento que nos daría sería inmenso, los saltos que darían nuestra biología, medicina y química serían enormes. Seguramente nunca veamos esto, pero lo que si tenemos a nuestro alcance son mundos como Europa, Titán o Encelado, no entiendo porque no estamos allí ya. Es imperdonable.

Manda tu nombre a Marte a bordo de la sonda MAVEN

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La NASA ha enviado una invitación a todo el que quiera mandar su nombre a Marte a bordo de la sonda MAVEN, que será lanzada en Noviembre de este mismo año para estudiar la atmósfera marciana.

El nombre y apellidos irá grabado en un DVD, además se puede enviar un poema de tres líneas (o haiku) aunque en este caso solo tres de los poemas enviados serán elegidos por votación para volar a Marte.

El plazo acaba el 1 de Julio. Todos aquellos que manden su nombre podrán imprimir un certificado online donde se demuestra su participación en el proyecto.

Para participar solo hay que introducir los datos en el enlace de la página oficial de la NASA

Página oficial de la sonda MAVEN

Yo ya no sé cuantas misiones llevan mi nombre, alguna que otra no llegó a su destino, otras están mandando datos e imágenes sin parar.

Por mucho que se empeñen en hacernos creer proyectos privados, tipo el del gran hermano marciano o el de enviar una pareja en un viaje de ida y vuelta sin tocar superficie (no los nombro para no hacer publicidad de tales tonterias), no existe ningún proyecto serio para un viaje tripulado al planeta rojo, aún quedan muchos obstáculos en el camino. Ni siquiera tenemos un lanzador, no existe tecnología para proteger de la inmensa radiación a la que se verían expuesta la tripulación, la ausencia de gravedad, la supervivencia en un medio hostil como el marciano, los fondos…

Mandar el nombre es lo más parecido a darse una vuelta por Marte. Por lo menos de aquí a varias décadas.

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Impresionante primer plano de un huracán sobre Saturno

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El increíble “ojo” del huracán de unos 2.000 kilómetros de ancho

La sonda Cassini nos ha dado un impresionante primer plano de un enorme huracán alrededor del polo norte de Saturno.

Las imagenes en alta resolución nos muestran un ojo del huracán de unos 2.000 kilómetros de ancho, 20 veces mayor que cualquiera visto en la Tierra. Las nubes en la parte externa viajan a una velocidad de 150 metros por segundo.

El huracán se ha formado alrededor de la famosa imagen en hexágono que tanto intriga a los científicos.

El espectacular vórtice de la tormenta en color rojo oscuro. Justo en el centro del hexágono situado en el polo norte. Las nubes que lo rodean aparecen en color naranja. También observamos otro pequeño vórtice formándose al sur de la imagen.

El espectacular vórtice de la tormenta en color rojo oscuro. Justo en el centro del hexágono situado en el polo norte. Las nubes que lo rodean aparecen en color naranja. También observamos otro pequeño vórtice formándose al sur de la imagen.

En Saturno no existen formaciones de agua donde puedan tomar fuerza este tipo de eventos, y menos en las altas capas de la atmósfera. Estas imágenes sirven para comprender, un poco más, como se forman y se mantienen estas enormes formaciones, usando el vapor de agua existente a esas alturas.

Lo que si se asemeja a los huracanes terrestres es que ambos tienen un núcleo central con apenas nubes, seguido de una formación de nubes altas que delimitan el ojo de la tormenta y otros tipos de nubes que giran alrededor en el sentido de las agujas del reloj. Todas estas similitudes pueden ayudar a entender mejor como se forman los huracanes terrestres.

Las diferencias entre lo que vemos en Saturno y lo que observamos en la Tierra salta a la vista. El tamaño de los eventos en el gigante gaseoso no es comparable a los terrestres, así como la velocidad de giro. En Saturno los vientos pueden ser hasta cuatro veces más rápidos que en nuestro planeta.

Otra diferencia es que en Saturno tienden a fijarse en una posición, generalmente alrededor del polo norte, mientras que en nuestro planeta tienden a moverse de un sitio a otro.

Los científicos creen que la tormenta ha estado activa durante años. Cuando la Cassini llegó a Saturno en 2004, el polo norte estaba en la oscuridad debido a que el hemisferio norte estaba en pleno invierno. Todo ese tiempo el espectrómetro en infrarrojos detectaba un enorme vórtice, pero hubo que esperar hasta Agosto de 2009 para verlo a través de la luz visible.

La nueva inclinación de la sonda en su órbita alrdedor de Saturno también ayudará a posteriores y más detallados estudios de estos fenómenos en el polo norte del planeta.

Fuente: jpl news

ISON: el cometa del siglo podría dejar una lluvia de estrellas en Enero de 2014

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foto del Hubble a 10 de Abril de 2013

Mucho se está hablando del cometa ISON, las perspectivas son que en Noviembre podría ser uno de los mayores espectáculos que ha visto la humanidad en cientos de años.

Pero a esta posibilidad se le une otra nueva. Según últimos cálculos el núcleo del cometa está arrojando unos 50 kilogramos de material por minuto en su increíble viaje hacia las inmediaciones del Sol.

Esto deja una enorme traza de restos a lo largo del sistema solar. Estos restos serán atravesados por nuestro planeta alrededor del 12 de Enero del 2014. Su tamaño es pequeño pero su velocidad puede rondar los 200.000 km/h, convirtiéndose al entrar en nuestra atmósfera en una “lluvia de estrellas” que no esperabamos.

Actualmente el cometa, con un núcleo de 6,5 kilómetros, se encuentra a unos 450 millones de kilómetros de nosotros, aproximándose en estos momentos a la parte mas exterior del cinturón de asteroides situado entre Marte y Júpiter.

Su primera travesía a lo largo de nuestro sistema solar lo llevará a solo 1 millón de km de la superficie solar el día 28 de Noviembre. Si sobrevive, y no es despezado por la gravedad solar, el 26 de Diciembre estará a solo 64 millones de kilómetros de la Tierra.

Puede ser un espectáculo único.

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Simulación de lo que podríamos ver a finales de año.

Fuente: ABC Science

El telescopio James Webb supondrá un avance en la búsqueda de vida extraterrestre

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El telescopio espacial James Webb (JWST), que será lanzado en 2018, será capaz de detectar oxígeno y agua en las atmósferas de planetas parecidos a la tierra que orbiten enanas blancas. Y lo hará con unas pocas horas de observación.

Esto ha asegurado Dan Maoz, director del Instituto de Teoría y Computación de la Universidad de Harvard.

El desarrollo de nuevas técnicas en la próxima década permitirá hallar biomarcadores en las atmósferas de estos exoplanetas, que podrían indicar la presencia de vida.

Las estimaciones son que puede haber unas 500 enanas blancas cercanas a nosotros, con uno o dos planetas en su zona de habitabilidad.

Las enanas blancas y sus planetas serán los primeros candidatos a la hora de buscar estos biomarcadores. Los investigadores del JWST aprovecharán el tránsito de los exoplanetas por delante de sus estrellas nativas para estudiar sus atmósferas. Con la luz de la estrella de fondo los elementos de dicha atmósfera absorberán algunos de esos rayos de luz, dejando pistas sobre su composición química.

Ahora mismo es noticia el Kepler con su enorme éxito en la localización de exotierras y demás exoplanetas. Esto es solo el primer paso. La década que viene el James Webb puede dar muchas alegrías a los astrónomos, y quizás a los astrobiologos.

Cassini toma las primeras fotos de meteoros impactando en los anillos de Saturno

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La sonda Cassini acaba de enviar las primeras evidencias directas de pequeños meteoros irrumpiendo en el sistema de anillos de Saturno.

Estas observaciones hacen de los anillos del gigante gaseoso la única localización, además de la Tierra, la luna y Júpiter, donde se ha observado directamente un impacto mientras está sucediendo.

Los meteoros observados van desde un diámetro de pocos centímetros hasta varios metros y ha costado varios años de observaciones identificarlos. En concreto han sido nueve los eventos catalogados.

Se cree que estos meteoros tuvieron un primer encuentro con el sistema de anillos, diviéndose en partículas más pequeñas que son las que ahora se han observado en órbita.

Los anillos de Saturno no son sólidos, están compuestos por trillones de pequeñas partículas heladas. Cuando un meteoro choca contra ellas se vaporiza y forma una nube de escombros que se incorporan a la órbita del planeta.

Fuente: nasa news

Buscando los orígenes del sistema solar en dos granos de arena

Imagen compuesta de los remanentes de la supernova Cassiopea-A donde fueron identificados materiales como los silicatos.

Imagen compuesta de los remanentes de la supernova Cassiopea-A donde fueron identificados materiales como los silicatos.

Ayer hablábamos de la importancia de las supernovas en la formación de nuestro sistema solar y en la aparición de la vida tal como la conocemos.

Lo de ayer son teorías demostradas con modelos de formación de discos protoplanetarios alrededor de estrellas, modelos y observaciones sobre las supernovas que ya conocemos, mediciones de elementos orgánicos dentro de las nebulosas que dejan las explosiones de las supernovas…

Lo de hoy se puede tocar con las manos.

Es bonito divagar, teorizar, soñar con la idea de moléculas formadas en el interior de estrellas a miles de millones de años-luz, lanzadas al espacio interestelar a través de enormes explosiones del astro que los contiene. Pero todo esto deja de tener un caracter meramente especulativo o teórico cuando dos de esos granos de polvo están formados por un compuesto llamado sílice (silicio y oxígeno) y un equipo de investigadores los encuentra escondidos en lo más profundo de un antiguo meteorito descubierto en la Antártida. Todo se torna más real cuando ese sílice quizás se haya formado en el interior de una estrella diferente al sol, quizás proveniente de los restos de una supernova que ayudó a formar lo que hoy vemos a nuestro alrededor.

Eso es lo que han anunciado hoy investigadores de la Universidad de San Luis en Washington. El descubrimiento de dos microscópicos granos de sílice en un meteorito muy antiguo recogido en 2009.

Condrita hallada en la Antártida

Condrita hallada en la Antártida

Los silicatos son uno de los principales componentes de los minerales terrestres hoy en día. Pero el descubrimiento sorprende al descubrirse dentro de un meteorito. Los silicatos no son uno de los minerales que estuvieron presentes en la formación del disco protoplanetario alrededor de nuestro sol.

De hecho se piensa que estos dos minúsculos granos tendrían su origen en una supernova que “sembró” con sus materiales un muy primitivo sistema solar, ayudando a la formación de los planetas.

Los científicos pueden asegurar que estos granos provienen de antiguas estrellas debido a sus inusuales y elevadas trazas isotópicas. Diferentes estrellas producen diferentes proporciones de isótopos.

El material que forma nuestro sistema solar se mezcló y homogeneizó mucho antes de que se formaran los planetas. Podemos decir que el sol y los mundos que lo rodean tienen la misma composición isotópica.

Los meteoritos que caen a nuestro planeta, la mayor parte provenientes de asteroides, también tienen la misma composición isotópica de nuestro sistema solar, pero, a veces y sólo a veces, atrapados en el interior de los más antiguos hallamos muestras de otras estrellas, y eso es maravilloso.

El profesor en física Christine Floss descubrió las muestras de sílice en un meteorito recogido de la Antártida. Este sílice era rico en oxígeno-18 un isótopo pesado de la molécula de oxígeno, esto significaba que su origen provenía del núcleo colapsado de una supernova.

Estas nuevas investigaciones nos confirman lo que ya sabíamos sobre la evolución del cosmos. La diferencia reside en que ahora lo podemos tocar con nuestras manos. Podemos tocar estrellas distantes que ayudaron a formar los elementos complejos de los que estamos hechos.

Y todo esto a partir de dos simples granos de arena.

Fuente: universe today

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De aquí surge la vida

Restos de la Supernova SN 1006

Restos de la Supernova SN 1006

No suelo comentar las imágenes del día de la página la NASA, pero hoy vamos a hacer una excepción. No es una imagen particularmente bella, ni espectacular como las hay a miles en el amplio catálogo que ya posee nuestra especie sobre el cosmos que nos rodea.

Lo que estamos viendo son los restos de la más brilante supernova que los registros del ser humano recuerdan. En los cielos de todo el mundo del 1 de Mayo del año 1006, una estrella aumentó su brillo de manera súbita. Era tal la luminosidad que desprendía que competía con la de la luna. Astrónomos e historiadores de China, Egipto, Italia, Japón,… dejaron constancia en numerosos escritos del evento estelar de mayor magnitud visual de nuestra pequeña y corta historia como observadores del cosmos.

Cuentan los escritos que su brillo iluminaba la oscuridad de la noche, permitiendo ver los objetos que estaban en el suelo. Su color amarillento y el año entero que se mantuvo en el cielo permitió que sus restos fueran identificados 959 años después, en 1965. Lo que vemos en la imagen que encabeza el post es una cáscara circular de unos 60 años-luz de diámetro localizada a unos 7.200 años-luz de nuestra tierra.

Se cree que SN 1006 (que así se llama en la actualidad) era originariamente una estrella binaria, una de sus dos estrellas, una enana blanca, explotó cuando el gas proveniente de su compañera la llevó a superar el límite de Chandrasekhar. La supernova eyectó material a una enorme velocidad, generando una onda de choque que precede al material expulsado.

El universo tiene su particular manera de evolucionar. Desde los más elementales átomos de hidrógeno y helio que lo formaban fracciones de segundo después del Big Bang, hasta los complejos dedos formados por estructuras musculares y nerviosas con los que escribo estas líneas.

Para golpear estas teclas de una manera precisa y con sentido necesitamos carbono, nitrógeno, oxígeno,… Para obtener estos elementos necesitamos un horno que los elabore, una estrella que vaya formando materiales pesados a partir de los más simples. Y para que lleguen a formar planetas y formas de vida compleja necesitamos que se distribuyan por el universo, necesitamos procesos estelares como las supernovas.

La explosión de una estrella despide materiales de todo tipo en todas las direcciones del espacio. Esos materiales, con el tiempo, formaran parte de nebulosas planetarias que rodean a otras estrellas, esas nebulosas irán compactándose formando sistemas planetarios y en esos planetas puede surgir la vida.

Nuestros átomos han realizado un largo viaje a través del espacio. Quizás los que nos forman provengan de una sola supernova, quizás de varias, quizás muy cercana a nuestro sistema solar o quizás a varios cientos de millones de años-luz de nosotros.

La imagen no es muy espectacular, asemeja a lo que podemos ver a través del microscopio si enfocamos un embrión de cualquier especie a los pocos días de su formación. Un embrión es sinónimo de vida. Esta imagen también lo es.

Fuente: Astronomy picture of the day