Buscando el planeta perfecto para albergar vida

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Un nuevo estudio liderado por astrobiólogos empieza a marcar los parámetros que debemos buscar en otros planetas a la hora de decidir si son potencialmente habitables o no.

La primera premisa que se ha dispuesto es que nuestro hogar, la Tierra, no es el mejor ejemplo de habitabilidad a seguir, se introduce el concepto de mundos superhabitables, planetas mucho más preparados para albergar vida que el nuestro. Quizás por ahí es por donde debemos empezar a buscar.

El concepto de zona de habitabilidad estelar, del que ya tanto hemos hablado por estos lares, se está viendo atacado por varios flancos dentro del ámbito de la astrobiología. Hace tiempo hablábamos en el blog que la definición clásica que hemos usado durante mucho tiempo no era de mucha utilidad.

Habitable_Zone

Literalmente la wikipedia habla de que “se denomina zona de habitabilidad estelar a la región alrededor de una estrella en la que, de encontrarse ubicado un planeta(o satélite) rocoso con una masa comprendida entre 0,6 y 10 masas terrestres y una presión atmosférica superior a los 6,1 mb correspondiente al punto triple del agua, la luminosidad y el flujo de radiación incidente permitirían la presencia de agua en estado líquido sobre su superficie” , todo esto era útil cuando teníamos apenas unos pocos exoplanetas descubiertos y ninguna opción de hallar exolunas con nuestra tecnología. Ahora tenemos mas de mil planetas catalogados y otros tantos pendientes de confirmar, y entre ellos algunos candidatos a exolunas (el telescopio espacial Kepler lo cambió todo).

Ahora hablamos de estudios donde la vida puede emerger fuera de esta zona de habitabilidad, empezamos a definir zonas donde la vida es capaz de surgir y desarrollarse, y no tiene porque parecerse en nada al único ejemplo que conocemos. Hablamos de zonas habitables en el subsuelo de planetas donde la superficie no sea apta para soportar vida, un subsuelo protegido de las inclemencias de temperaturas y radiación extremas. Hablamos de lunas orbitando gigantes gaseosos u otros mundos inhabilitados para la vida, hablamos incluso de mundos orbitando estrellas dentro de gigantes cúmulos estelares,… como veis la cosa se va complicando.

Y ahora tenemos una nueva definición para añadir a las anteriores, el concepto de superhabitabilidad.

En el último artículo los astrobiólogos Rene Heller y John Armstrong describen al menos 18 características que deben tener estos mundos diseñados a la perfección para la vida ( y no todas coinciden con las de nuestro planeta).

Hablan de planetas rocosos con masas de 2 a 3 veces superior a la del planeta Tierra, con largos periodos de actividad tectónica que permitan que los ciclos que dependen de sustancias como el carbono y el silicio estén activos durante largos periodos de tiempo.

Dentro de esta fórmula magistral para crear un mundo perfecto para la vida también se incluyen campos magnéticos que actúen a modo de escudo contra las radiaciones externas al planeta. Grandes áreas de superficie que permitan el desarrollo de la biodiversidad, combinadas con humedales o mares poco profundos en sus proximidades (recordemos que en la Tierra la vida pudo originarse en este tipo de zonas).

Una distribución óptima entre las superficies terrestres y los vastos océanos también favorecería este concepto de superhabitabilidad, los supercontinentes no son propicios para la vida ya que pueden formarse grandes áreas desérticas en su interior y también pueden influir en el clima global del planeta.

Y todo rodeado de una atmósfera más gruesa que la de nuestro planeta, que permita unas temperaturas un poco más cálidas.

Todas estas características darían como resultado mundos o lunas con una biodiversidad mucho mayor de la que conocemos en nuestro planeta.

Los mundos superhabitables deberían orbitar estrellas ligeramente más pequeñas que nuestro Sol, las llamadas enanas de tipo espectral K, con una expectativa de vida mucho más larga que la de nuestro astro, y además se verían favorecidos si en su sistema solar existen otros mundos habitados, lo que favorecería la panspermia o paso de vida entre diferentes mundos.

Después de varías características más los autores concluyen que la Tierra es solo “marginalmente” habitable, cumple con algunos de los criterios de habitabilidad pero no con todos.

Creo que todo esto solo es el principio, definir donde puede surgir la vida o donde no puede ser tan difícil como definir lo que la propia vida es. Solo tenemos un ejemplo y solo un planeta donde se ha producido esa maravillosa singularidad. A medida que encontremos distintas formas de vida todos estos conceptos irán a la basura para ser reemplazados por otros, o quizás no. Solo lo vamos a saber de una manera, explorando…

-Fuente: Superhabitable worlds, Astrobiology, Jannuary 2014

Lo que nos cuenta nuestro planeta acerca de la vida en el Universo

DNA

La astrobiología es la ciencia que estudia la vida en otros mundos, su rango de estudio es amplio y fascinante. Organismos capaces de sobrevivir a altísimas dosis de radiación, formas de vida que no utilicen el carbono como base estructural, seres vivos utilizando longitudes de onda cercanas al infrarrojo para fabricar sus propios nutrientes… Todo un amplio abanico de posibilidades que podamos imaginar y un más amplio cajón con miles de esos abanicos de posibilidades que ni siquiera podemos llegar a sospechar.

Todo esto solo tiene un pequeño problema, aún no hay nada que estudiar. El único ejemplo que tenemos de vida reside en nuestro planeta de origen, cualquier intento de ir un poco más allá son proyecciones de lo que ya conocemos. Intentamos construir modelos de seres vivos adaptando los ejemplos ya existentes a nuevas condiciones medio ambientales con mayor o menor presión atmosférica, diferentes componentes químicos usados tanto para la estructura de esos seres vivos como para la obtención de nutrientes, diferentes fuentes de energía como las que pueden proveer, por ejemplo, una cercana enana roja con una luminosidad hasta el 60% menor que nuestro sol (el tipo estelar con exoplanetas más frecuente de nuestra galaxia) y miles de variables más.

Mientras se acerca el esperado momento de tener una segunda opinión sobre la forma en que el cosmos interpreta la vida, hay muchas conclusiones que pueden sacarse de la que ya conocemos. Esas conclusiones puede que sean extensibles a otras localizaciones o puede que no.

En concreto Adam Frank, profesor de física y astronomía en la Universidad de Rochester, reflexiona acerca de un aspecto que si que puede ser extendible a otros planetas. Habla sobre la posibilidad de cuantificar las probabilidades de que un organismo desarrolle algún tipo de inteligencia.

Dejando a un lado si otras formas de vida están basadas en el carbono, si tienen una secuencia de nucleótidos como nuestro ADN o si respiran oxígeno, lo cierto es que cada planeta solo tiene una estrecha franja en el tiempo cosmológico en el que es habitable, sus soles incrementan su temperatura de una manera más rápida o más lenta, ninguna estrella mantiene su zona de habitabilidad por siempre, las estrellas nacen y mueren.

La tierra no escapa a este axioma, las estimaciones actuales nos hablan de unos 1000 millones de años antes de que el planeta se vuelva demasiado caliente como para soportar vida, la vida empezó hace unos 4000 millones de años, la conclusión es clara, estamos “al final” de nuestro periodo habitable (que no cunda el pánico que en 1000 millones da tiempo a hacer muchas cosas).

“Estos datos sirven para hacer ciertos cálculos acerca de que la vida adquiera inteligencia. La Tierra tiene unos 4500 millones de años, las formas más primitivas de vida no surgieron hasta hace unos 3700 millones de años, estos números nos indican que, al menos en el caso de la Tierra, no fue muy complicado el hecho de que apareciera la vida, lo que realmente costó fue la aparición de la inteligencia humana” cita el blog de Adam Frank.

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Y hasta aquí cito. Estoy de acuerdo con que cada mundo puede tener su ventana de tiempo para “intentar” formar vida, es lógico pensar que cada planeta depende totalmente de su estrella para poder reunir las condiciones necesarias para la habitabilidad. Pero creo que es un error extrapolar las fechas en las que surgió la vida en la Tierra y en las que empezó a atisbarse cierta inteligencia (yo aún no veo mucha) a otros mundos para deducir que la vida es un proceso que puede ser común en el cosmos pero no así seres vivos más complejos capaces de ser conscientes de sí mismos y de desarrollar ciertas habilidades cognitivas.

Volvemos a un error de tipo antropocéntrico, solo que un poco más evolucionado del que cometíamos en la Edad Media. Ya no podemos pensar que la Tierra es el centro del universo (hay millones de mediciones, imágenes y datos que no permiten ni empezar a discutirlo), pero si podemos aplicar ese “egoísmo antropocéntrico” que tanto nos gusta a otras conclusiones. La diferencia de tiempo entre la formación del planeta Tierra y la aparición de la vida en el planeta Tierra es un hecho que concierne solo y exclusivamente a las condiciones que se dieron en el planeta Tierra, son millones los factores que se vieron implicados y no creo que puedan generalizarse para otros sistemas.

Lo que aquí costó 800 millones de años en otro planeta pudo solo generarse en 400, o quizás 2000 millones de años, o quizás nunca. Los pasos necesarios para que yo esté escribiendo este post quizás en otro lugar costaron mucho más o quizás nunca llegaron.

La conclusión a la que llegan en el escrito es que “las formas simples de vidas son comunes; la vida inteligente es escasa”, mi humilde e inexperta opinión es que acabamos de empezar con una rama de la ciencia extraordinariamente apasionante como es la astrobiología, quizás la conclusión sea cierta, sería lógico pensarlo, en nuestro sistema solar por ahora solo conocemos un tipo de vida (tampoco nos hemos molestado en buscar más de forma seria), pero si algo hemos aprendido en nuestra corta evolución como especie es que cada vez que soltamos una verdad incontestable, a los pocos siglos nos la tenemos que tragar, de ser el centro del universo a tener centenares de exoplanetas orbitando a lo largo y ancho de toda la Vía Láctea hay un largo camino de humillaciones.

No cometamos el mismo error ahora. El tiempo en encontrar vida fuera de nuestro planeta será mucho más largo si partimos con prejuicios. Veo muy difícil encontrar una colonia de E.Coli en una piedra de Titán o un hongo adherido a una placa de hielo en Europa. Si vamos con un instrumento capaz de encontrar ADN quizás lleguemos a la conclusión de que no existe vida mas que en nuestro pequeña bola azul,… o quizás no.

Nuestro planeta cuenta solo una historia dentro de la enorme enciclopedia de la vida en el universo. Habrá historias parecidas a la nuestra y otras totalmente diferentes.

Sea de una manera o de otra se avecinan tiempos muy interesantes.

De exoplanetas y otras divagaciones

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Justo cuando la astronomía y la exploración espacial están recibiendo menos fondos para su desarrollo, estamos viviendo los días más gloriosos en cuanto a descubrimientos se refiere.

Dos planetas dentro de un mismo exosistema solar, de tamaños un poco mayores que nuestro mundo, orbitando a la distancia justa de su sol para que la vida pueda abrirse paso… es asombroso.

Sólo podemos imaginar, por ahora, que tipo de mundos son, sabemos su diámetro y sabemos su órbita, y nada más. Si la humanidad no se gasta sus recursos en su propia destrucción, nuevas misiones están diseñadas para averiguar más, para indagar sobre la vida en el Universo.

Investigar su atmósfera, si posee materiales orgánicos, incluso si poseen lunas, dirigir nuestros radiotelescopios para intentar escuchar alguna señal relacionada con la vida… es increíble el abanico de posibilidades que se abre ante nosotros.

Imaginad esos dos mundos, tan cerca uno del otro, imaginadlos realmente habitados (que no es lo mismo que habitables). Que estímulo más poderoso para cualquier civilización para iniciar la exploración espacial, para extender sus fronteras más allá de su planeta natal.

La gente del Kepler presenta un escenario de mundos enteramente cubiertos por océanos, con grandes núcleos rocosos y una gravedad mayor que la terrestre. De surgir la vida somos incapaces de imaginar lo que la evolución habrá moldeado en ese tipo de planetas.

Para nosotros significa que el universo está repleto de pequeños mundos rocosos navegando justo por la zona habitable de sus estrellas. Pueden ser cientos de miles de millones. Pensar que en ninguno de ellos ha podido surgir un simple organismo al que podamos calificar como vivo es casi absurdo. Posible pero absurdo.

Pensemos en las millones de combinaciones que pueden darse en cada uno de esos planetas, son tantas como el equivalente a su número. Impactos de asteroides, atmósferas demasiado finas o demasiado gruesas, ausencia de química orgánica, de nutrientes, extinciones masivas… podemos imaginar miles de excusas para que la vida no surja, o no evolucione. Pero pensar que ninguna de esas combinaciones ha podido dar como resultado algo parecido a lo que pasó en la Tierra es absurdo. No tendría lógica alguna, y aún así el método científico nos obliga a tenerlo en cuenta.

La vida busca a la vida. No podemos dejar esto a medio. Está en nuestra naturaleza el explorar y el conocer. No podemos quedarnos tranquilos sabiendo que sólo en una mínima porción de nuestra galaxia un telescopio ha encontrado más de 2000 planetas.

Vivimos en una era dorada en cuanto a descubrimientos astronómicos. Dentro de nuestro propio sistema solar apenas hemos dado unos pocos pasos. Europa, Titán y Encelado nos aguardan con ansia de mostrar sus enigmas a quien esté dispuesto de explorarlos.

No dejemos que esto se pare, no ahora.

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¿A cuánto estamos de descubrir vida fuera de nuestro planeta?

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La exploración espacial ha entrado en una fase apasionante desde que se inició hace una pequeña fracción de tiempo dentro de la historia de la humanidad.

No existe el día, en los últimos meses, que no haya una noticia nueva o relacionada con algún hallazgo astronómico o alguno proveniente de las múltiples sondas que pueblan nuestro sistema solar. Sigue leyendo