Una nueva composición de imágenes de la sonda Galileo muestra un “río” helado rojizo en Europa

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Desde el JPL de la NASA nos llega una nueva imagen del satélite de Júpiter, Europa, uno de los lugares del Sistema Solar candidatos a albergar vida.

Es una composición de dos imágenes tomadas por el orbitador Galileo a finales de la década de los 90. Además se han aplicado nuevas técnicas de colorización para obtener nuevos datos sobre la helada y fracturada superficie del satélite.

En la foto se ilustra el contraste entre el terreno que contiene agua helada pura (el terreno blanco azulado) y la parte de la superficie saturada por sales y otros elementos. El material rojizo que forma una banda ancha en el centro de la imagen, y otras más estrechas que acuden a la central como afluentes de un río, posiblemente contenga material del océano de agua que existe en el subsuelo, la mayor parte sales hidratadas como sulfato de magnesio y ácido sulfúrico.

Se cree que está parte de Europa es más abrupta y accidentada que el resto del satélite y que debe este color característico al hecho de haber estado en contacto con el océano interior cuando se formó.

Localizaciones como esta son las que buscaríamos a la hora de lanzar una sonda capaz de tomar tierra. Es donde podríamos tener acceso al material del subsuelo con relativa facilidad. Incluso aun podría existir algún tipo de comunicación entre la superficie y el interior de la luna.

Como veis todavía intentamos exprimir cualquier dato que aportó la mítica sonda Galileo sobre Europa. Eso fue el siglo pasado. Seguimos esperando nuevos ojos que nos cuenten nuevas historias sobre la fascinante luna joviana.

Fuente: NASA JPL

La mancha roja de Júpiter está encogiendo

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Según las últimas imágenes del Hubble la tormenta más famosa del Sistema Solar está disminuyendo su tamaño.

La última imagen que hemos obtenido de la gran mancha roja la presenta con su mínimo diámetro desde que fue descubierta.

Desde los 41.000 kilómetros de ancho en los que fue medida hace 2 siglos, pasando por los 23.300 kilómetros que midió la Voyager en 1980, ahora estaríamos hablando de unos 16.500 kilómetros, el menor de los diámetros nunca medido. Esta medición se ha obtenido con imágenes del Hubble a fecha de 21 de Abril de este mismo año.

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Se estima que está disminuyendo sobre unos 1.000 kilómetros por año, en la actualidad. Quizás en unos años nuestros pequeños tekescopios no puedan observar una de las características más representativas del gigante gaseoso.

Fuente: Spacetelescope

La luna Europa podría tener placas tectónicas activas, algo fundamental para la vida.

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La luna de Júpiter, Europa, lleva un par de semanas proporcionando noticias de gran valor científico. No hace muchos días que hablábamos de la presencia de materiales arcillosos (orgánicos) en la superficie del helado satélite, luego unas observaciones del Hubble nos sorprendían con la existencia de chorros de vapor de agua emanando de su corteza muy similares a los existentes en Encelado.

Todos estos descubrimientos, unidos a la existencia de un enorme océano de agua líquida en su interior colocaban a Europa como el principal candidato a albergar vida fuera de nuestro planeta. Pero el último hallazgo sería fundamental para la habitabilidad del satélite… Placas tectónicas activas similares a las de nuestro planeta… El único lugar fuera de nuestro planeta donde existiría este fenómeno.

Las placas tectónicas serían clave para proveer de nutrientes a hipotéticos organismos existentes en el océano subterráneo de la luna.

Se sabe desde hace tiempo que la superficie de Europa es relativamente joven, renovándose con hielo nuevo continuamente, ascendiendo a través de lo que se conoce como “bandas de dilatación”. Los nuevos estudios sugieren que esas bandas actuarían como las placas tectónicas terrestres.

Se han descubierto por primera vez zonas de subducción, localizaciones donde el hielo antiguo desciende a zonas del subsuelo de la luna o incluso podría llegar al océano interior. Este hecho sería fundamental para la supervivencia de hipotéticas formas de vida. Ese hielo antiguo podría llevar consigo desde la superficie nutrientes y minerales imprescindibles para la existencia de cualquier tipo de microorganismo.

Si juntamos los descubrimientos de las últimas semanas tenemos un mundo con un océano interior de agua líquida protegido de la intensa radiación de Júpiter por una corteza de hielo de kilómetros de espesor, sustancias orgánicas en superficie que podrían ser trasladadas al interior de la luna por mecanismos similares a los de las placas tectónicas terrestres y chorros de vapor de agua emitiéndose a gran velocidad que podrían demostrar que la comunicación entre subsuelo y superficie es continua. Es decir, tenemos un objetivo de primera magnitud en el campo de la astrobiología. Es el primer lugar del Sistema Solar donde tenemos que mirar si queremos encontrar vida fuera de nuestro planeta. Y no hay programada ninguna misión específica para Europa en los próximos 20 años…

Fuente: http://themeridianijournal.com/2013/12/europa-may-active-plate-tectonics-study-suggests

Documento de la NASA para la primera misión a Europa, Júpiter

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Recreación de la superficie de Europa

Tenemos un desafío para este siglo XXI, la astrobiología tiene una cita con una pequeña luna de Júpiter y no puede dejarla escapar. Hoy se ha dado el primer paso para la formalización de una futura misión a Europa. Se han establecido formalmente los objetivos científicos de una misión que deberá aterrizar en el satélite con el fin de investigar la composición y la geología de la corteza helada del planeta y la posible habitabilidad de su océano interior.

El documento prioriza los tres objetivos que deberá cumplir una futura misión a uno de los destinos más importantes de nuestro sistema solar.

La sonda deberá investigar la composición y la química del océano de la luna de Júpiter, caracterizar el grosor, uniformidad y dinámica de su corteza helada externa y estudiar la geología de la superficie.

Para cumplir algunos de estos objetivos se ha sugerido que tenga la capacidad de perforar la superficie hasta una profundidad de 10 centímetros y obtener muestras de, al menos, dos profundidades. Una desde 0.5 cm hasta 2 cm y otra más profunda de entre 5 y 10 cm que estaría menos expuesta a la radiación exterior.

Se habla de un modelo de aterrizador equipado de siete instrumentos: un espectrómetro de masas, un espectrómetro Raman para determinar los minerales presentes , un magnetómetro, un sismómetro, un sistema de cámaras, un sistema microscópico de imágenes y un sistema de reconocimiento de imágenes.

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Modelo de sonda para Europa

Aterrizar por primera vez en Europa representa un desafío que puede desembocar en el éxito o el fracaso de la misión. Para investigar la verdadera habitabilidad de la luna tenemos que conocer la composición química de su océano subterráneo, la estructura de la corteza de hielo superficial y los procesos de formación y comunicación entre ambos hábitats. Es fundamental que el sitio de aterrizaje provea una ventana al subsuelo, gracias a estudios anteriores sabemos las zonas donde el intercambio de material entre la masa líquida del interior y la corteza superficial es mayor, además estas zonas coinciden con una menor medición de radiación, con lo cual serían lugares aptos para buscar algún tipo de vida.

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Lugares candidatos para un aterrizaje

Los lugares más interesantes para colocar la misión se sitúan en latitudes bajas, necesitamos recoger muestras lo más recientemente derivadas del océano interior, por lógica estarán menos expuestas a la intensa radiación ambiental y serán más representativas de lo que se encuentra por debajo. Estas zonas se caracterizan por un color más oscuro que el resto de la superficie. Recientes estudios señalan a la región conocida como Thera Macula situada en el hemisferio sur como una zona activa hoy en día, es decir, puede existir agua proveniente del interior en estos momentos. Un excelente sitio para ir.

El extenso estudio publicado hoy lo tenéis aquí, merece la pena leerlo detenidamente. Es la primera piedra de la que puede ser una de las grandes hazañas de nuestra especie.

¿Qué tiempo hará mañana en HAT-P-2b? Nace la exometeorología

Lo que hace solo unos pocos años era ciencia-ficción empieza a convertirse en realidad.

Una nueva rama de la ciencia empieza, tímidamente, a abrirse paso. La exometeorología estudia el clima en planetas situados a cientos de años-luz de nuestro planeta.

Uno de estos primeros mapas del tiempo se ha realizado sobre un planeta de tamaño similar a nuestro Júpiter situado a 385 años-luz de nosotros.

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En concreto es un Júpiter caliente, un gigante gaseoso que orbita increíblemente cerca de su estrella, entre 0.015 y 0.5 UA de distancia (considerando 1 Unidad Astronómica la distancia de la Tierra al Sol).

Las superficies de estos planetas poseen temperaturas extremas, como es de suponer, pero además otro detalle marca su meteorología, tienen una cara dirigida siempre hacia su sol y otra en perpetua oscuridad.

Buscando predecir el tipo de clima que reina en este tipo de planetas, un equipo de astronomos liderado por Nikole Lewis se ha centrado en el exoplaneta HAT-P-2b, un Júpiter caliente con una órbita de solo 5 días alrededor de su sol.

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Debido a que siempre dan la misma cara hacia su estrella somos capaces de observarlos en varias fases, desde creciente hasta decreciente pasando por el disco entero. Midiendo el brillo en infrarrojos durante todas estas fases se ha podido realizar un rudimentario mapa de temperaturas. Algo increíble dada la enorme distancia a la que se encuentra.

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Temperaturas en el lado diurno

Lewis ha concluido que la parte del planeta expuesta a la luz del sol está a 2.127 grados centígrados, mientras que en la cara oscura el mercurio “desciende” a 927 grados. Estos aproximadamente 1000 grados de diferencia deberían producir unos vientos capaces de llegar a miles de kilómetros por hora. Un planeta nada apacible.

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Temperaturas en la cara nocturna del planeta

Usando los conocimientos que disponemos de Júpiter, podemos imaginar lo que puede suceder en este planeta de clima tan extremo. Para equipararlo deberíamos aumentar drásticamente la temperatura de nuestro Júpiter y, a la vez, disminuir su velocidad de rotación. El resultado es un patrón que podría ser válido para planetas gigantes, con características tan familiares como enormes manchas rojas que abarcan hasta un cuarto del planeta, y otras menos predecibles como nubes formadas por rocas y polvo.

Fuente: nasa

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“TODOS ESTOS MUNDOS SON VUESTROS, EXCEPTO EUROPA. NO INTENTÉIS ATERRIZAR ALLÍ”

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El espíritu humano suele rebelarse contra las prohibiciones desde sus más profundos orígenes.

La frase que encabeza este post es con la que termina la célebre novela de Arthur C. Clarke “2010: Odisea dos”. Una orden clara y tajante. No aterrizar en la helada luna de Júpiter bajo ningún concepto.

Tenemos prohíbido, cual manzana de Adán, el inspeccionar o explorar un mundo con una gruesa capa de hielo bajo el cuál existe un enorme oceano líquido donde pueden darse las condiciones adecuadas para que nos demos de morros con cualquier tipo de vida que nos podamos imaginar. ¡Por favor! ¿Pero en qué estamos pensando?.

Cada nuevo estudio es un alicente más para inundar ese planeta de sondas.

El hallazgo de peróxido de hidrógeno en la superficie intriga a la comunidad científica. El océano que esconde la luna podría transformarlo en oxígeno si asumimos que existe algún tipo de comunicación con la fría corteza helada externa.

Si hay oxigeno tenemos una fuente energética que la vida podría usar para su desarrollo. La disponibillidad de oxidantes fue una parte crítica en el desarrollo de la vida multicelular en la Tierra. Puede estar pasando lo mismo en Europa, la cual ya posee el resto de elementos necesarios para la vida como agua líquida y elementos orgánicos.

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Las nuevas observaciones del telescopio Keck II muestran un peróxido de hidrógeno muy diluido y distribuido por toda la superficie.

Los hemisferios de Europa mantienen la misma orientación con respecto a Júpiter debido a su rotación cada 86 horas. La cara que mira hacia el gigante gaseoso es la más expuesta a la brutal radiación ambiental, y precisamente ahí es donde más peróxido de hidrógeno se ha encontrado (tanto por la sonda Galileo como por el Keck II). También coincide con zonas donde el hielo está menos mezclado con otros componentes, es decir, donde más pura es el agua. Si este oxidante que cubre la superficie tuviera contacto con el océano subyacente se podría confirmar que la radiolisis es clave en los mecanismo químicos necesarios para crear un océano potencialmente habitable, cerrando así un ciclo que no estamos investigando ni existen planes a corto plazo para remediarlo.

Imperdonable.

Y ahora damos fondos para una nueva guerra contra algún país con dictador o difundimos un vídeo de gatos…. Así nos va.

Fuente: Centauri dreams

El paisaje más impactante no lo está viendo un humano

Ahora mismo los paisajes más hermosos del sistema solar no los está viendo un humano, la afortunada es la sonda Cassini, recorriendo elipses majestuosas alrededor de Saturno y sus satélites.

Observar en movimiento Encelado, Titán, Phoebe y Rhea con Saturno de fondo debe ser algo increíble, incluso para los ojos de un robot.

Un vídeo renderizado a partir de varias imágenes nos muestra una belleza que quizás el ser humano podría estar viendo en estos momentos…..