La sonda Cassini manda el primer mapa topográfico global de Titán

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Científicos de la Nasa han creado el primer mapa topográfico de toda la superficie de Titán, la más emblemática luna de Saturno, a partir de datos recogidos por la sonda Cassini. El mapa acaba de ser publicado en la revista Icarus y nos da una mejor aproximación a uno de los mundos más interesantes de nuestro Sistema Solar.

Titán es la luna más grande del gigante gaseoso con unos 5.160 kilómetros de diámetro (mayor que Mercurio) y es la segunda luna más grande de todo nuestro vecindario. Es la única luna conocida con atmósfera y mares en su superficie. Es la joya de la corona de nuestra búsqueda de vida fuera de nuestro planeta.

Tanto la superficie como la atmósfera presentan una actividad más que interesante, con compuestos orgánicos como el metano simulando un ciclo muy parecido al del agua en nuestra tierra, formando nubes, precipitaciones, ríos, mares,.. es algo que debemos estudiar más a fondo, y para eso un mapa de la topografía del terreno es más que necesario.

Este nuevo hallazgo será fundamental para el futuro estudio de la hidrología en Titán y crear nuevas teorías acerca de los modelos climáticos predominantes.

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La gruesa atmósfera de Titán impide la visión directa de las elevaciones y las depresiones del terreno, por lo que los datos obtenidos provienen del radar de la sonda que ha realizado casi 100 sobrevuelos al satélite desde su llegada a Saturno. El radar nos permite convertir a Titán en un mundo en tres dimensiones, por fin.

Los primeros datos nos dejan claro que las regiones polares son más bajas que las áreas que rodean el ecuador del planeta, esto concuerda con los datos previos. Lo que va a mejorar sustancialmente es cómo y por dónde fluyen los ríos y la distribución estacional de las lluvias, todo en aras de mejorar el conocimiento del complejo clima dinámico de Titán.

Hay que ir…

¿Por qué la naturaleza forma exoplanetas tan fácilmente?

Nadie puede negar que estamos viviendo el momento más importante de la astronomía exoplanetaria. Todos los días hay alguna noticia nueva relacionada con el descubrimiento de algún planeta fuera de nuestro sistema solar, algún nuevo dato sobre la posible composición de la atmósfera de un cuerpo situado a decenas sino cientos de años luz de nuestra Tierra, hallazgos de mundos cada vez más parecidos al nuestro, dentro o fuera de la zona habitable de sus estrellas,….

Toda esta explosión de datos se la debemos, fundamentalmente, al telescopio espacial Kepler, al COROT y a algunos observatorios en la superficie terrestre que colaboran corroborando los descubrimientos o haciendo nuevos.Es tal la progresión que quizás el número de exoplanetas conocido haya aumentado de aquí a que termines de leer el post.

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algunos de los sistemas planetarios conocidos hasta la fecha

Toda este caudal de información nos lleva a reflexionar sobre lo fácil que la naturaleza crea planetas. Teniendo en cuenta que acabamos de empezar a mirar en un pequeño y reducido espacio de nuestro vecindario cósmico, con unos medios que distan mucho de lo que realmente los límites de la física nos permiten. Ascendiendo, solo desde 2009 y solo por el Kepler , el número de candidatos a más de 3.000. Son muchas pistas que nos indican que los planetas en el universo son algo muy común.

Ahora mismo existen dos grandes teorías acerca de la formación planetaria. Una es llamada acreción de núcleo donde pequeños objetos se combinan para formar otros más grandes, la otra se conoce como inestabilidad gravitacional y es justo al contrario de la anterior, grandes nubes de gas y polvo se fragmentan en pequeñas partes.

Estos dos modelos son los que nos basamos por ahora, pero se intuye que existen muchos otros procesos que influyen en su formación. Sería lógico pensar que el modelo de acreción es el más común para formar planetas rocosos y los gaseosos vendrían como resultado de la inestabilidad gravitacional, y esto es algo que no siempre se cumple.

Construir planetas rocosos y hacerlo con la prevalencia con la que estamos viendo que existen es exigir demasiado a la teoría de acreción de núcleos. Hay que empezar con granos de polvo de tamaño mucho menor que un metro y terminar con un planeta entero, encima estas partículas deben enfrentarse al viento que forma el gas de sus proximidades, lo que puede hacer todo este proceso mucho más lento y costoso. Debe haber cosas que se nos escapan, lo que estamos observando nos dice que así debe ser. No es posible que se formen planetas de tipo rocoso tan rápido (como ya vimos en un post anterior dedicado a las enanas rojas y sus mundos habitables ) y de forma tan común solo siguiendo este modelo.

Kepler está destrozando nuestro ideal de sistema solar a medida que avanza en sus descubrimientos. Ya no hablamos solamente de los modelos de formación planetaria, es que al ver los sistemas planetarios que hay alrededor nuestro nos damos cuenta que el nuestro no parece ser “normal”.

La mayoría de sistemas extrasolares tienen un gigante gaseoso muy cerca de la estrella madre, mucho más cerca que los planetas rocosos del mismo sistema. Es como si en el nuestro un enorme Júpiter orbitara a una distancia mucho menor que nuestro Mercurio y que luego, a mayor distancia, aparecieran planetas como Venus y la Tierra. No somos un ejemplo a seguir en nuestro vecindario cósmico.

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algunos ejemplos de sistemas extrasolares descubiertos comparados con el nuestro

De lo único que estamos seguros es que al universo le gustan los planetas, es un paso más de su natural evolución. Además, nos damos cuenta que los forma con una facilidad asombrosa, son tan comunes como lo puede ser la formación de galaxias o el estallido de supernovas, solo que hay procesos en el cosmos que nos es más fácil de observar.

La nueva generación de telescopios está llamada a arrojar un poco más de luz sobre el tema, consolidando algunas de las teorías que hoy damos como válidas y maltratando otras. Solo tenemos unos pocos conceptos claros por ahora, al universo le encanta formar planetas, le encanta crearlos de todas los tamaños y a todas las distancias de varios tipos de estrellas, quizás al universo le gusta formar vida.

Fuente: astrobites.org

Buscando los orígenes del sistema solar en dos granos de arena

Imagen compuesta de los remanentes de la supernova Cassiopea-A donde fueron identificados materiales como los silicatos.

Imagen compuesta de los remanentes de la supernova Cassiopea-A donde fueron identificados materiales como los silicatos.

Ayer hablábamos de la importancia de las supernovas en la formación de nuestro sistema solar y en la aparición de la vida tal como la conocemos.

Lo de ayer son teorías demostradas con modelos de formación de discos protoplanetarios alrededor de estrellas, modelos y observaciones sobre las supernovas que ya conocemos, mediciones de elementos orgánicos dentro de las nebulosas que dejan las explosiones de las supernovas…

Lo de hoy se puede tocar con las manos.

Es bonito divagar, teorizar, soñar con la idea de moléculas formadas en el interior de estrellas a miles de millones de años-luz, lanzadas al espacio interestelar a través de enormes explosiones del astro que los contiene. Pero todo esto deja de tener un caracter meramente especulativo o teórico cuando dos de esos granos de polvo están formados por un compuesto llamado sílice (silicio y oxígeno) y un equipo de investigadores los encuentra escondidos en lo más profundo de un antiguo meteorito descubierto en la Antártida. Todo se torna más real cuando ese sílice quizás se haya formado en el interior de una estrella diferente al sol, quizás proveniente de los restos de una supernova que ayudó a formar lo que hoy vemos a nuestro alrededor.

Eso es lo que han anunciado hoy investigadores de la Universidad de San Luis en Washington. El descubrimiento de dos microscópicos granos de sílice en un meteorito muy antiguo recogido en 2009.

Condrita hallada en la Antártida

Condrita hallada en la Antártida

Los silicatos son uno de los principales componentes de los minerales terrestres hoy en día. Pero el descubrimiento sorprende al descubrirse dentro de un meteorito. Los silicatos no son uno de los minerales que estuvieron presentes en la formación del disco protoplanetario alrededor de nuestro sol.

De hecho se piensa que estos dos minúsculos granos tendrían su origen en una supernova que “sembró” con sus materiales un muy primitivo sistema solar, ayudando a la formación de los planetas.

Los científicos pueden asegurar que estos granos provienen de antiguas estrellas debido a sus inusuales y elevadas trazas isotópicas. Diferentes estrellas producen diferentes proporciones de isótopos.

El material que forma nuestro sistema solar se mezcló y homogeneizó mucho antes de que se formaran los planetas. Podemos decir que el sol y los mundos que lo rodean tienen la misma composición isotópica.

Los meteoritos que caen a nuestro planeta, la mayor parte provenientes de asteroides, también tienen la misma composición isotópica de nuestro sistema solar, pero, a veces y sólo a veces, atrapados en el interior de los más antiguos hallamos muestras de otras estrellas, y eso es maravilloso.

El profesor en física Christine Floss descubrió las muestras de sílice en un meteorito recogido de la Antártida. Este sílice era rico en oxígeno-18 un isótopo pesado de la molécula de oxígeno, esto significaba que su origen provenía del núcleo colapsado de una supernova.

Estas nuevas investigaciones nos confirman lo que ya sabíamos sobre la evolución del cosmos. La diferencia reside en que ahora lo podemos tocar con nuestras manos. Podemos tocar estrellas distantes que ayudaron a formar los elementos complejos de los que estamos hechos.

Y todo esto a partir de dos simples granos de arena.

Fuente: universe today

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