Así suena el espacio interestelar, cortesía de la Voyager 1

Esta es la sólida evidencia de que la Voyager 1 ha abandonado la heliosfera. Un corto pitido captado por el instrumento de ondas de plasma de la sonda nos indica que nuestro emisario ha dejado atrás el enorme campo magnético que rodea a nuestra estrella. Dentro de esa enorme esfera inflada por los vientos solares podemos decir que estamos en casa, fuera el espacio interestelar, nuestro vecindario cósmico.

Dentro de la helioesfera los tonos captados por la Voyager eran bajos, no superaban los 300 Hz, algo típico de las ondas de plasma provenientes de nuestra lejana estrella. Pero algo hizo sobresaltarse a los responsables de la vieja sonda hace unos pocos meses, un pico de entre 2-3 kHz señalaba que el viajero había cruzado una frontera. El denso gas del medio interestelar se muestra en estas frecuencias, y ningún humano había escuchado este sonido con anterioridad.

El profesor Gurnett monitoriza los datos que llegan de este pequeño instrumento que aún se mantiene en funcionamiento gracias a la fuente radiactiva que alimenta la nave. “Estamos en un territorio totalmente desconocido” matiza Gurnett, “y aún esperamos sorpresas inesperadas”, ondas de plasma que no han sido generadas por nuestro sol, ecos de otras estrellas atravesando a un emisario de la humanidad.

No más “Curiositys” ni “Cassinis”. El Plutonio-238 se acaba.

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Los tres generadores de radioisotopos (RTGs) montados en la Voyager 1 al final del brazo izquierdo

Esta sonda que abre el post os sonará, es la Voyager 1 y después de 36 años de viaje ininterrumpido acaba de entrar en el espacio interestelar. Lo sabemos porque la sonda, después de tantos años, sigue mandando datos, el pequeño viajero sigue vivo. Todo esto sería imposible sin la tres baterías de plutonio-238 que lleva en su interior. Los paneles solares hace mucho tiempo que no tendrían ninguna función y cualquier otra fuente de energía no hubiese aguantado tanto tiempo manteniendo viva la misión.

Todo lo que la humanidad conoce sobre los planetas situados en la parte externa de nuestro sistema solar se lo debemos al plutonio. La Cassini está realizando la exploración más exhaustiva de Saturno y su sistema de satélites que jamás se haya hecho, la sonda Galileo y su mítico viaje a Júpiter, el propio Curiosity en la superficie marciana, la sonda New Horizons que en 2015 llegará a Plutón… todo impensable sin este valioso metal radiactivo. Simplemente no existiría la exploración espacial como la conocemos, ninguna otra fuente de energía es capaz de sustituirla en estos momentos, nada de paneles solares, baterías o sistemas de fisión nuclear (demasiado pesados). Dependemos del plutonio-238 para seguir explorando el cosmos y se está agotando.

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Plutonio-238 usado para las sondas Galileo y Ulysses

La NASA ha emitido un comunicado anunciando que apenas queda material para terminar esta década, y a partir de ahí nada más. El problema no sólo es propiedad de la NASA, las reservas mundiales están prácticamente agotadas.

El stock actual apenas llega a los 16 kg de plutonio, si pensamos que solo el Curiosity necesitó 4,5 kg para su funcionamiento podemos entender la magnitud del problema. Las implicaciones son extremadamente graves, cuando se acaben las reservas no podremos explorar el 99% del sistema solar. 

Para los que puedan alegar problemas con la fabricación de plutonio-238, solo un dato, este material no es capaz de ser usado para la fabricación de armas nucleares, por lo que su producción no es un riesgo para nuestra inconsciente civilización.

Las únicas fuentes naturales de plutonio-238 se formaron varios eones antes de que la Tierra apareciera, hace unos 4.600 millones de años. Su origen está en explosiones de supernovas, el problema (y a la vez su virtud) está en su tiempo de vida media, como otros materiales radiactivos su estructura atómica es inestable, cuando un átomo de su núcleo se descompone emite un tipo de radiación, llamada radiación alfa, toda esta energía puede calentar el material hasta 1260 grados Celsius y esto podemos convertirlo en electricidad, una batería capaz de suplir energía a una sonda durante décadas.

Podemos fabricar plutonio-238, pero los fondos escasean y la situación afecta a todas las sondas planeadas más allá del 2020. En la NASA ya recibe el nombre de “el problema”

Fuentes:
planetary.org

- wired.com

- isciencetimes.com

- npr.org

Y más fuentes http://www.fromquarkstoquasars.com/nasas-plutonium-conundrum-dubbed-the-problem/

- http://www.nationalpost.com/m/wp/full-comment/blog.html?b=fullcomment.nationalpost.com/2013/09/23/matt-gurney-nasas-big-problem-not-enough-plutonium

25 de agosto de 2012. Salimos al espacio interestelar

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En algún viejo diario o archivo electrónico se podrá leer dentro de unos siglos el encabezado de este post.

Después de muchos comunicados en falso parece que estamos delante de la confirmación definitiva, la Voyager 1 ha abandonado la heliosfera, es decir, ha dejado atrás la zona de influencia de los vientos y partículas provenientes de nuestro Sol.

Han hecho falta 18.000 millones de kilómetros y 36 años de viaje para que un objeto fabricado por el ser humano se convierta en un viajero interestelar. El 25 de agosto los pocos sensores que aún funcionan de la anciana sonda detectaron una brusca disminución en la cantidad de partículas procedentes de nuestra estrella y un aumento de rayos cósmicos de origen interestelar.

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Tras el sobrevuelo realizado en 1979 de Júpiter y su gran familia de lunas, en particular Io donde descubrió su gran actividad volcánica, se dirigió hacia Saturno al que llegó en noviembre de 1980. Realizó numerosas observaciones y fotografías de su peculiar atmósfera y de su impresionante sistema de anillos. Pero un descubrimiento inesperado cambió el futuro de la sonda para siempre, Titán (la mayor de las lunas) tenía atmósfera y un color naranja misteriosamente atrayente, los encargados de la misión decidieron que merecía la pena acercarse más y encendieron los propulsores. Esto provocó un cambio en la trayectoría de la sonda que la alejó de la eclíptica de nuestro sistema solar, impidiendo sus programados sobrevuelos en Urano y Neptuno.

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Eso fue el final de su programa de observación planetaria. Pero aún tenía que cumplir algunos cometidos que se han convertido en verdaderos símbolos de la exploración espacial. En febrero de 1990 sus cámaras se dirigieron hacia un pequeño punto azul pálido situado a unos 6.000 millones de kilómetros de su posición, enfocó ese pequeño pixel y obtuvo una imágen que algunos hemos visto cientos de veces.

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Uno de los responsables de la misión era un astrónomo y divulgador con una visión del Cosmos muy particular. Un tal Carl Sagan sugirió que sería una buena idea obtener una imagen de nuestro mundo reducido a un pequeño pixel flotando en la inmensidad del océano cósmico. Si, lo siento, lo voy a volver a poner, creo que cada vez que alguien ve por primera vez ese vídeo es como una pequeña oportunidad que se abre para nuestra raza, a veces al que lo ve le inspira por saber un poco más de aquel curioso científico… a veces para la reproducción a los pocos segundos de empezar el vídeo,… merece la pena intentarlo una vez más.

Por si fuera poco este emisor de la humanidad, que se dirige lentamente hacia el centro de la galaxia, lleva acoplado un disco de oro con sonidos e imágenes representativos de la vida en la Tierra. Quizás varios milenios después de que nuestra especie se haya extinguido este pequeño disco sea una de las pocas pruebas de nuestro fugaz paso por el Universo. “Si, vivimos y evolucionamos en una pequeña roca en un rincón de una galaxia espiral, fuimos capaces de desarrollar una tecnología capaz de enviar emisarios mucho más lejos de nuestras fronteras… y aquí está la prueba…”

Por cierto, si alguien esta noche quiere felicitar “directamente” a la Voyager 1 aquí está su posición actual en nuestro firnamento.

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Cómo encontrar vida en Marte

El rover Curiosity nos ha dado la primera señal de aviso. Marte tuvo la capacidad de soportar vida en algún momento de su historia. Es lo único que tenemos por ahora. Ningún científico ha sido capaz detectar signos indirectos o directos de vida unicelular o multicelular.

El siguiente rover marciano, que iniciará si viaje hacia el año 2020, tendrá la capacidad de investigar sobre si hubo o no vida en el pasado.

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Para ello será fundamental uno de los objetivos estrella de la misión, taladrar 31 muestras de la superficie marciana y dejarlas preparadas para que una futura misión pueda traerlas a la Tierra.

Encontrar señales de vida pasada sería mucho más sencillo con los instrumentos que poseemos en nuestros laboratorios una vez recuperadas las muestras.

Algunos miembros de la comunidad científica defienden que el Viking 1 ya detectó vida allá por el año 1976. Quizás los experimentos que se realizaron no eran lo suficientemente sensibles. O quizás lo reactivos usados destruyeron la materia orgánica que pretendían detectar. Aunque lo más seguro es que no detectó ningún tipo de vida porque el lugar donde la buscó (la superficie marciana) es incapaz de soportar ningún tipo de vida en la actualidad.

La intensa radiación que Curiosity ha medido, las extremas temperaturas y los percloratos pueden haber esterilizado por completo la superficie. Situación que puede cambiar radicalmente apenas a 5 metros de profundidad.

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Los instrumentos que llevará la misión de 2020 tendrán mucha más precisión que los de su anciana predecesora. Pero estarán dirigidos a buscar vida pasada, no actual. Un fallo que podría haber subsanado un nuevo instrumento desarrollado en el Instituto Tecnológico de Massachusset, capaz de detectar trazas de ADN y ARN provenientes de organismos actuales o con una antigüedad máxima de 1 millón de años (siguiendo los patrones de descomposición en nuestro planeta).

Son numerosas teorías las que apuestan por un origen común de la vida entre Marte y la Tierra. Hace unos 3.500 millones de años un aumento exponencial en el bombardeo de meteoros en todo el sistema solar pudo favorecer el intercambio de material entre el planeta rojo y nuestro mundo. La creencia de un ancestro común no sería tan disparatada, y de ser cierta buscar ADN o ARN no sería tan mala idea. Al menos en Marte.

Quizás un instrumento parecido viaje en alguna misión futura, quizás secuencie alguna cadena de nucleótidos que nos resulte familiar, quizás solo sea uno de los medio millón de microorganismos que se estima que el Curiosity ha transportado a Marte desde nuestro planeta, o quizás sea un nuevo comienzo para el entendimiento de nuestra propia existencia.

14 de febrero, el día que la Voyager 1 giró su cámara

Un 14 de febrero, como hoy, pero de 1990, la sonda Voyager 1 cruzaba la órbita de Plutón. Fue ese día cuando decidió girar su cámara y empezar un histórico retrato de familia.

Venus, la Tierra, Júpiter, Saturno, Neptuno y Urano. Todos inmortalizados a una distancia de unos 4.400 millones de kilómetros, después de 13 años de viaje. Sigue leyendo

Del 21 de diciembre y sondas que abandonan el sistema solar

Los contrastes de nuestra especie son enormes. La distancia entre sus cotas más brillantes y sus pozos más oscuros es abismal.

Mientras un pequeño emisario fotografía el lado oscuro de uno de los planetas más hermosos de nuestro sistema solar, un enajenado acribilla a sangre fría a unos niños mientras aprendían sobre de que iba esto de la vida. Sigue leyendo

Observa de nuevo ese punto azul pálido (vídeo)

Vídeo continuación del famoso “Un punto azul pálido”, en él Carl Sagan vuelve a reflexionar sobre ese pequeño pixel que captó la Voyager 1 a petición suya. Esta imagen es la mayor afrenta al espíritu antropocentrista del ser humano. No tenemos privilegios con respecto al resto del universo, no somos una especie elegida por un dios sabio y todopoderoso. Apenas somos una pequeña luz débil y tenue en medio de todo un enjambre de planetas, soles y galaxias. El universo entero no sabe de nuestra existencia, quizás nunca lo sepa, pero nosotros seguimos empeñados en ser el centro de algo que ni si quiera entendemos. Quizás un poco de humildad nos vendría bien para afrontar un futuro mas alentador como especie.