Puede haber un planeta del tamaño de la Tierra en la zona de habitabilidad de Próxima Centauri 

Imagen de Próxima Centauri tomada por el Hubble (NASA/HUBBLE/JPL)


Ayer el diario Der Spiegel lanzaba una escueta nota donde se aseguraba que a finales de este mismo mes se daría a conocer el descubrimiento de un planeta del tamaño de la Tierra orbitando en la zona de habitabilidad de la estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri. 

El descubrimiento del santo grial de los exoplanetas habría sido realizado por el observatorio de La Silla del European Southern Observatory (ESO) tras un trabajo exhaustivo de búsqueda, según el diario. 

Ahora mismo nadie confirma nada y no ha salido ningún paper relacionado con lo que sería la noticia astronómica del año… un planeta del tamaño de la Tierra orbitando en la zona de habitabilidad de Próxima Centauri, una distancia a su sol que permitiría la existencia de agua en superficie, y todo esto a 4.2 años-luz de nuestro planeta, en la estrella más cercana a nuestro sistema solar. 

Esquema de las distancias desde nuestro sol hasta Próxima Centauri

Si miramos el gráfico de arriba podemos observar que, aunque se confirmara la existencia del exoplaneta, tenemos un problema. 

El Voyager 1 lleva desde 1977 viajando hacia las afueras del sistema solar, es la nave espacial más alejada de la Tierra en estos momentos y aún todo eso sólo se encuentra a 135 UA (Unidades Astronómicas) en el límite de nuestro sistema, quedándole unos 300 años para llegar a la nube de Oort. Si miramos el esquema y la distancia a Próxima vemos que la distancia, a día de hoy, es insalvable. 

Los vecinos estelares de nuestro sol


Aún así la existencia de un planeta potencialmente habitable en nuestro vecindario cósmico sería una noticia de gran repercusión. 

Sería un candidato ideal para ser estudiado por el futuro telescopio espacial James Webb, el cuál podría escudriñar su posible atmósfera en búsqueda de biomarcadores, el observatorio Alma podría intentar obtener una imagen directa, Plato (el sustituto del telescopio espacial Kepler) observar su órbita hasta la saciedad…

La pregunta que nos viene a muchos a la cabeza es la siguiente, si alguno de estos instrumentos obtuviera algún dato que indicara la probable existencia de vida en la actualidad ¿qué haría la humanidad?, ¿se lanzaría hacia el mayor viaje de descubrimiento de toda su historia? ¿Iniciaría la investigación de nuevas formas de propulsión que acortaran la duración del viaje? ¿Avanzaría en el conocimiento de nuevas técnicas de soporte vital en viajes de larga duración? ¿Aunaría esfuerzos para una empresa de colosales dimensiones?… O ¿seguiría invirtiendo todos sus recursos en conseguir una efectiva y temprana autoaniquilación antes de conseguir convertirse en una especie interestelar?

Ahora mismo no me obliguéis a decir lo que pienso… 

Esperaremos al anuncio (si es que se produce) por parte del ESO, recordemos que ya se especuló con la existencia de un exoplaneta alrededor de Próxima Centauri hace unos años, pero la falta de confirmaciones posteriores hizo que el exoplaneta simplemente desapareciera de nuestros catálogos. 

Esperemos que esta vez no pase lo mismo… 

Fuente: Der Spiegel

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3 comentarios el “Puede haber un planeta del tamaño de la Tierra en la zona de habitabilidad de Próxima Centauri 

  1. Creo que no hay dudas en que el gran cuello de botella al que se enfrenta la exploración del espacio es la propulsión. Aparte del dinero, aunque eso es una obviedad.
    Pienso que incluso un viaje tripulado a Marte con los propulsores actuales sería casi suicida. La duración del viaje por el hecho de tener que usar trayectorias de máxima eficiencia energética lo hace altamente peligroso. Por otra parte, los límites de peso impiden usar los materiales más eficientes para proteger a los astronautas de las radiacciones.
    Lo que quiero decir con todo esto es que se debería de dedicar una parte mucho mayor de los presupuestos para investigar nuevos propulsores.
    Por dar números y hablando de velocidaes de crucero, para movernos con cierta soltura en viajes tripulados por nuestro sistema planetario, deberíamos de ser capaces de manejar velocidades de crucero del orden de 100km/sg. Y además se deberían de tener recursos de propulsión suficientes para hacer maniobras de alto coste energético.
    Esto es impensable con los propulsores actuales. De las tecnologías actuales, la única que se me ocurre capaz de lograr esto son hipotéticos propulsores a base de ractores de fusión. Y para eso queda al menos 1 siglo.
    En cuanto a viajar a Próxima Centaury, eso ya es otra cosa. Podríamos mandar naves no tripuladas con estos mismos reactores de fusión, pero tendríamos que ser capaces de acelerar esas naves hasta velocidades del orden de 50.000 km/sg, o lo que es lo mismo, 0,17c. Aún así, el viaje de ida duraría 25 años.
    Mandar misiones tripuladas, ciencia ficción pura. Para hacer pensable semejante viaje, deberíamos de hablar de velocidades de crucero del orden de 0,5c. Acelerando a 1g y decelerando a 1g también (esto último muy problemático) estamos hablando de un viaje de ida de más de 10 años. Se necesitaría que los astronautas viajasen en algún tipo de animación suspendida. En cuanto a los propulsores, deberían de ser capaces de transformar materia en energía propulsora con una eficiencia próxima al 100%. Habría que pensar en propulsores de antimateria, pura ciencia ficción. Ni que decir tiene que no creo en la factibilidad física de los agujeros de gusano o la capacidad de curvar el espacio.

    Vaya leño que me ha salido

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  2. Nuestra era de las exploraciones en la Tierra estuvo plagada de expediciones que duraban muchos años y en las que las posibilidades de regresar a salvo eran mínimas, surcando territorios ignotos y hostiles con tripulaciones formadas muchas veces por la escoria de la sociedad (exceptuando los mandos) pues eran los únicos que podían verse coaccionados para realizar esos locos viajes.
    Bien es cierto que el espacio es el más hostil de los lugares que conocemos, pero podemos enviar minisondas de exploración no tripuladas cuyo coste es mínimo (que pueden acelerar con rayos láser) y que no necesitan regresar, sólo enviar los datos que recopilen cundo lleguen a destino. Mientras enviamos esas sondas y esperamos sus respuestas podemos desarrollar mejores propulsores, sistemas de animación suspendida… quién sabe, que nos permitan mejorar nuestras posibilidades en otros mundos.
    No seamos pesimistas… para un marinero del siglo XV, subirse a un cascarón de madera y enfrentarse a monstruos y demonios, a enfermedades y aborígenes no era menos terrible de lo que algún día será someterse a un sueño de hibernación y abandonar para siempre su planeta natal.

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