La guerra está perdida

 

La tierra es plana y descansa sobre infinitas tortugas…

 
Tras leer el artículo  de César Tomé “Contra quién estamos perdiendo la guerra” me veo en la obligación de añadir solo una nota al margen, que no es otra que el título del post… La guerra está perdida. 
De poco vale mi opinión, lo único que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor. El pensamiento no racional está ampliamente extendido entre los individuos de nuestra especie. Acorrala con insultante superioridad al discurso racional, con un crecimiento desmesurado a medida que pasa el tiempo. 

Parecía que la ciencia y la divulgación científica entraban en una época dorada, pero era sólo un espejismo. Por estos lares siempre vemos las mismas caras, las mismas interacciones, los mismos nombres,… Fuera, la realidad es totalmente diferente, las pseudociencias apenas necesitan un mínimo esfuerzo para ganar adeptos enfervorizados, a la razón le cuesta años y miles de demostraciones conseguir ser considerada como opción, e incluso después de todo eso cualquier experiencia personal o colectiva da al traste con semejante esfuerzo. 

Los ejemplos son múltiples y variados. En una consulta de medicina puedes curar tantas veces como quieras una bronquitis con un antibiótico, si esa misma persona recibe un tratamiento homeopático y cree que ha habido una mejoría en su proceso (algo que sucede muchas veces por la simple evolución autolimitada de la infección), la primera opción en el siguiente proceso catarral será el tomar unas bolitas rellenas de agua. 

Hace unos días publiqué una entrada a raíz de la muerte de Ed Mitchell, astronauta del Apolo 14. Si os pasáis por los 68 comentarios de la página en Fb veréis que casi es una herejía afirmar que el hombre ha llegado a la luna, y si lo hizo no volvió porque encontró algo aterrador que la NASA nos oculta con verdadera maestría… (como el propio Ed Mitchell aseguró…)

Hablar de exploración espacial es faltar al respeto a los millones de seres humanos que sufren y pasan calumnias, nada se dice que el equivalente del coste de una misión espacial (de las caras) suele ser el de un solo helicóptero de combate pobremente equipado. Nada se comenta sobre los beneficios comparados entre los que proporciona una misión espacial y los que genera un helicóptero de combate. 

Quizás el futuro del ser humano no esté en convertirse en una especie multiplanetaria. Mandaremos unas cuantas decenas de sondas más a nuestro sistema solar, quizás estemos unas horas (otra vez) en la superficie lunar, pero poco más… Cada vez tengo más claro que esperaremos en la superficie de nuestro planeta a que algún “gran filtro” nos devuelva a la Edad Media o nos haga desaparecer del mapa para siempre. 

Y todo esto es una pena, la historia nos juzgará sin piedad. Hablará de una época en que teníamos los conocimientos pero no estábamos preparados para aprovecharnos de ellos. Hablará de dirigentes políticos que primaron el beneficio inmediato al bienestar de las generaciones venideras. Hablarán de una sociedad totalmente acrítica, a la que el pensamiento mágico y la charlatanería seducía con una facilidad pasmosa. 

Solo pensar que todo esto se combina, por ejemplo, con el posible anuncio del hallazgo de ondas gravitacionales, o con el sobrevuelo de un mundo situado a 5.000 millones de kilómetros, es como para echarse a llorar. 

Quizás la inteligencia, como nosotros la entendemos, es un factor de mal pronóstico para la supervivencia de una civilización. Quizás nuestro acervo genético, repleto de comportamientos agresivos e irracionales, pesa demasiado. Quizás esté totalmente equivocado… 

El tiempo hablará, no tiene ninguna prisa…

Aquí se seguirá hablando de ciencia y exploración espacial. Pese a quien le pese…

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