Biomarcadores, indicios de habitabilidad… ¿no hay vida fuera de nuestro planeta o no sabemos buscarla?

Una bacteria oxidadora del azufre de hace 2.500 millones de años, mucho antes de que la atmósfera fuera rica en oxígeno (Andrew Czaja)

Sólo conocemos un ejemplo en el que la materia se ha convertido en lo que llamamos vida, nuestro planeta se ha convertido en un enorme laboratorio donde a lo largo de 4.600 millones de años han interaccionado sustancias orgánicas, fuentes de calor, ecosistemas favorables para permitir el inicio de ciertas reacciones químicas, temperaturas no demasiado extremas, protección contra letales radiaciones provenientes de nuestra estrella,… miles de factores que han permitido la aparición y evolución de lo que conocemos como vida, miles…

Hasta ahora la vida ha tenido un solo génesis, un solo inicio, lo que no proviene de LUCA (Last Universal Common Antecesor) nos es totalmente desconocido. Necesitamos carbono, necesitamos agua, nuestra información se transmite a lo largo de generaciones a través de nuestro ADN, mucha radiación nos mata, poca gravedad también, necesitamos oxígeno para respirar y no nos sienta nada bien que sobre nuestras cabezas no exista una atmósfera de presión… ejemplos válidos para nuestra especie, el ser humano (buscar por internet lo que pueden resistir algunos extremófilos y podéis tachar hasta un 80% de lo escrito hasta ahora)

El hecho es que el conocer una sola génesis nos está dificultando (muchísimo) la búsqueda de vida fuera de nuestra atmósfera, tanto que puede que nuestras sondas hayan pasado por encima de ella sin haberse dado ni cuenta (y lo pongo en plural porque puede que haya sucedido más de una vez).

A medida que exploramos el sistema solar vamos viendo lugares donde la vida pudo surgir en un pasado, sitios donde hace millones de años se pudieron dar las condiciones de habitabilidad que tanto buscamos para que algo parecido a un organismo vivo apareciera y tuviese la oportunidad de evolucionar. Pero, ahí no se queda la cosa, a medida que vamos mejorando nuestros instrumentos y aumentando nuestra área de exploración, nos damos cuenta que quizás, solo quizás, haya localizaciones donde la vida exista hoy en día.

Todavía existen discrepancias sobre los experimentos que las sondas Viking realizaron sobre suelo marciano en 1976. Uno de ellos, conocido como experimento LR (Labeled Release), dió positivo para la existencia de metabolismo en las muestras que recolectó. Un segundo experimento no encontró rastro de sustancias orgánicas (fundamentales para la aparición de la vida en nuestro planeta y que años después encontraría Curiosity en el cráter Gale). La NASA interpretó que las sondas no habían encontrado vida, algo que en los últimos años se está poniendo en duda por diversos estudios, quizás la forma de recoger las muestras esterilizó la tierra marciana analizada, quizás las formas de vida que provocaron la metabolización del primer experimento no se basaban en el carbono… 

A la izquierda depósitos de silicatos en el cráter Gusev (Marte), a la derecha depósitos de silicatos en la región chilena de “EL TATIO” (NASA/Spirit/JPL)


 

Hace unos días apareció un estudio de dos geólogos de la Universidad de Arizona. La imagen de la izquierda fue tomada por el rover Spirit en abril de 2007, cerca de un área conocida como “Home Plate” en el cráter Gusev. Spirit encontró multitud de nódulos ricos en silicatos dispersos por toda la zona, algo que indicaba la probable existencia de respiradores hidrotermales en el contexto de un antiguo Marte mucho más húmedo. 

La parte derecha de la foto corresponde con la región conocida como “El Tatio”, una región de Chile situada a 4.200 metros de altitud, uno de los lugares en nuestro planeta donde existen fuentes hidrotermales a mayor altura. Aquí la atmósfera es más fina, la cantidad de radiación ultravioleta mayor, las temperaturas más frías, un lugar muy parecido al inhóspito Marte, un lugar donde aparecen nódulos de silicatos parecidos a los del cráter Gusev, depósitos de silicatos producidos por la acción de microbios en el caso terrestre, de origen aún por filiar en el caso marciano. 

Estructura del interior de Europa (NASA/JPL)


Quizás no deberíamos mencionar las enormes masa de agua subterránea repletas de sustancias orgánicas que esperan ser exploradas en las lunas de Europa y Encelado. Nadie sabe en qué se pueden haber transformado las enormes fuerzas de marea provenientes de Júpiter. 

Tampoco sabemos si algún tipo de microorganismo puede haber aprovechado la conjunción de una densa atmósfera rebosando de tolines con enormes mares y ríos de etano y metano que discurren por la superficie de Titán

No tenemos ni idea de lo que puede haber aparecido debajo de la Planicie del Sputnik (el gran corazón de Plutón), donde un enorme océano subterráneo persiste en estado líquido durante miles de millones de años a miles de millones de kilómetros del Sol. 

A la hora de buscar vida no sabemos ni lo que estamos buscando, no lo hacemos con los instrumentos adecuados y ni siquiera lo hacemos en los sitios más adecuados. Además es posible que hayamos pasado por al lado de ella y no nos hayamos dado ni cuenta. 

Así es muy difícil… y luego está el estúpido antropocentrismo, y luego…

Fuente: Seeker Web

Un océano en los confines del Sistema Solar. Plutón está vivo…

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El corazón de Plutón. Sputnik Planitia en todo su esplendor (click para ampliar)(NASA/New Horizons)

Este planeta enano es demasiado bonito para ser verdad. Desde que vimos las primeras imágenes, mientras se acercaba la sonda New Horizons a sus dominios, nos hemos enamorado profundamente de él.

Estaba claro que la enorme planicie en forma de corazón nos estaba diciendo algo a gritos, una hermosa llanura limpia de cráteres formada por nitrógeno y metano helado, montañas de agua helada de 3 kilómetros de altura deslizándose a modo de iceberg en las zonas más periféricas, el acusado contraste con el resto de la superficie del pequeño mundo,… tres días después del sobrevuelo por aquí lo escribimos… “este mundo está vivo”.

Y vaya si lo está…

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Esquema del posible océano existente en el subsuelo de Plutón

Ya se sospechaba que tenía que existir, pero ahora empiezan a llegar las pruebas con datos que lo respalden. Plutón debe tener un océano líquido en su subsuelo, es la mejor explicación para todos los datos que se obtuvieron durante el sobrevuelo, y sobretodo es la mejor explicación que existe para justificar la existencia de Sputnik Planitia, la hermosa explanada que forma uno de los lados del enorme corazón de Plutón.

La planicie del Sputnik está sospechosamente alineada con el eje de rotación de Plutón, sin ninguna causa externa las probabilidades de que esto sucediera serían de casi un 5%, algo más debe explicarlo. La alineación sugiere que una masa extra situada en la planicie está interaccionando con las fuerzas gravitatorias existentes entre Plutón y Caronte para reorientar el planeta enano, colocando a Sputnik Planitia en la cara opuesta a la que se enfrenta a Caronte.

Dos nuevos estudios, uno del profesor Francis Nimmo y otro de James Keane, dan las claves para explicar que pudo pasar en una de las zonas más hermosas y enigmáticas de todo el sistema solar.

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Esquema de lo que debe estar sucediendo en estos momentos debajo de la enorme capa de nitrógeno helado de la Sputnik Planitia

Sputnik Planitia debió ser creada por el impacto de un enorme meteorito que desalojó una enorme cantidad de material de la helada superficie de Plutón. La enorme cuenca formada se fue rellenando de hielo de nitrógeno, metano y dióxido de carbono, esta enorme cantidad de material (capaz de reorientar el eje entero de todo un planeta) solo pudo tener un origen… una enorme masa de agua localizada debajo de Sputnik Planitia, un enorme océano líquido situado a 5.000 millones de kilómetros de nuestro planeta,…

Las estimaciones de los estudios indican que puede ser un océano de agua líquida y algún tipo de sustancia anticongelante como el amoniaco, situado bajo una capa de casi 40 kilómetros de nitrógeno helado. La existencia de una enorme masa de agua líquida en el subsuelo de Plutón explicaría, además, las fracturas observadas en la superficie y los deslizamientos del material helado observados en algunos puntos de Sputnik Planitia.

Todo esto necesita de un orbitador para ser confirmado, ya estamos tardando en enviar otra sonda a uno de los emplazamientos más fascinantes de nuestro sistema solar.

Fuente: Astrobiology