El límite entre Ultima y Thule, o de cómo formar un sistema solar

Desde ayer no puedo dejar de mirar la brillante línea que une los dos lóbulos que forman Ultima Thule.

Entre todos los KBO que podría haber visitado New Horizons en su viaje por el cinturón de Kuiper es increíble poder tener la imagen que abre el post en nuestras retinas. Podríamos tener un cuerpo único, o una aglomeración de varios, o uno destrozado por un violento impacto,… pero no,… tenemos una perfecta unión entre dos objetos primigenios del sistema solar, un acercamiento a muy baja velocidad cocinado a fuego lento durante más de cuatro mil millones de años, un verdadero fósil que nos habla de la teoría de la acreción planetaria para formar los grandes mundos que vemos en la actualidad.

(NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute)

La acreción es el proceso mediante el cual la masa de un cuerpo aumenta por la acumulación de materia, tanto en forma de gas como de pequeños cuerpos sólidos que colisionan y se adhieren al cuerpo (Ridpath, 1998).

Imagínate una enorme nube de gas y polvo orbitando una joven estrella, este disco de materia recibe el nombre de disco de acreción, y dentro de sus componentes se encuentran los planetesimales, cuerpos rocosos con un diámetro de entre 0,1 a 100 kilómetros.

Disco de acreción alrededor de la estrella TW Hydrae (ESO/NAOJ/NRAO)

La unión de varios planetesimales fueron dando lugar a los protoplanetas, algo que mucho tiempo después dió lugar a los diferentes planetas.

Estas uniones debieron ser, en su mayoría, violentas y a grandes velocidades,… sobretodo si eres un planetesimal que vive en las cercanías de una incipiente estrella,.. quizás si estás a más de seis mil millones de kilómetros todo vaya más lento y tranquilo,…

(NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute)

(NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Southwest Research Institute)

A lo largo de los próximos días y semanas iremos sabiendo más de lo que New Horizons aprendió de su fugaz sobrevuelo, pero ese color anaranjado que huele a materia orgánica alterada por la interacción durante miles de millones de años con radiaciones cósmicas, o ese blanco intenso de la zona del cuello nos hacen intuir que la espera va a merecer mucho la pena…

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