Lo que nos cuenta nuestro planeta acerca de la vida en el Universo

DNA

La astrobiología es la ciencia que estudia la vida en otros mundos, su rango de estudio es amplio y fascinante. Organismos capaces de sobrevivir a altísimas dosis de radiación, formas de vida que no utilicen el carbono como base estructural, seres vivos utilizando longitudes de onda cercanas al infrarrojo para fabricar sus propios nutrientes… Todo un amplio abanico de posibilidades que podamos imaginar y un más amplio cajón con miles de esos abanicos de posibilidades que ni siquiera podemos llegar a sospechar.

Todo esto solo tiene un pequeño problema, aún no hay nada que estudiar. El único ejemplo que tenemos de vida reside en nuestro planeta de origen, cualquier intento de ir un poco más allá son proyecciones de lo que ya conocemos. Intentamos construir modelos de seres vivos adaptando los ejemplos ya existentes a nuevas condiciones medio ambientales con mayor o menor presión atmosférica, diferentes componentes químicos usados tanto para la estructura de esos seres vivos como para la obtención de nutrientes, diferentes fuentes de energía como las que pueden proveer, por ejemplo, una cercana enana roja con una luminosidad hasta el 60% menor que nuestro sol (el tipo estelar con exoplanetas más frecuente de nuestra galaxia) y miles de variables más.

Mientras se acerca el esperado momento de tener una segunda opinión sobre la forma en que el cosmos interpreta la vida, hay muchas conclusiones que pueden sacarse de la que ya conocemos. Esas conclusiones puede que sean extensibles a otras localizaciones o puede que no.

En concreto Adam Frank, profesor de física y astronomía en la Universidad de Rochester, reflexiona acerca de un aspecto que si que puede ser extendible a otros planetas. Habla sobre la posibilidad de cuantificar las probabilidades de que un organismo desarrolle algún tipo de inteligencia.

Dejando a un lado si otras formas de vida están basadas en el carbono, si tienen una secuencia de nucleótidos como nuestro ADN o si respiran oxígeno, lo cierto es que cada planeta solo tiene una estrecha franja en el tiempo cosmológico en el que es habitable, sus soles incrementan su temperatura de una manera más rápida o más lenta, ninguna estrella mantiene su zona de habitabilidad por siempre, las estrellas nacen y mueren.

La tierra no escapa a este axioma, las estimaciones actuales nos hablan de unos 1000 millones de años antes de que el planeta se vuelva demasiado caliente como para soportar vida, la vida empezó hace unos 4000 millones de años, la conclusión es clara, estamos “al final” de nuestro periodo habitable (que no cunda el pánico que en 1000 millones da tiempo a hacer muchas cosas).

“Estos datos sirven para hacer ciertos cálculos acerca de que la vida adquiera inteligencia. La Tierra tiene unos 4500 millones de años, las formas más primitivas de vida no surgieron hasta hace unos 3700 millones de años, estos números nos indican que, al menos en el caso de la Tierra, no fue muy complicado el hecho de que apareciera la vida, lo que realmente costó fue la aparición de la inteligencia humana” cita el blog de Adam Frank.

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Y hasta aquí cito. Estoy de acuerdo con que cada mundo puede tener su ventana de tiempo para “intentar” formar vida, es lógico pensar que cada planeta depende totalmente de su estrella para poder reunir las condiciones necesarias para la habitabilidad. Pero creo que es un error extrapolar las fechas en las que surgió la vida en la Tierra y en las que empezó a atisbarse cierta inteligencia (yo aún no veo mucha) a otros mundos para deducir que la vida es un proceso que puede ser común en el cosmos pero no así seres vivos más complejos capaces de ser conscientes de sí mismos y de desarrollar ciertas habilidades cognitivas.

Volvemos a un error de tipo antropocéntrico, solo que un poco más evolucionado del que cometíamos en la Edad Media. Ya no podemos pensar que la Tierra es el centro del universo (hay millones de mediciones, imágenes y datos que no permiten ni empezar a discutirlo), pero si podemos aplicar ese “egoísmo antropocéntrico” que tanto nos gusta a otras conclusiones. La diferencia de tiempo entre la formación del planeta Tierra y la aparición de la vida en el planeta Tierra es un hecho que concierne solo y exclusivamente a las condiciones que se dieron en el planeta Tierra, son millones los factores que se vieron implicados y no creo que puedan generalizarse para otros sistemas.

Lo que aquí costó 800 millones de años en otro planeta pudo solo generarse en 400, o quizás 2000 millones de años, o quizás nunca. Los pasos necesarios para que yo esté escribiendo este post quizás en otro lugar costaron mucho más o quizás nunca llegaron.

La conclusión a la que llegan en el escrito es que “las formas simples de vidas son comunes; la vida inteligente es escasa”, mi humilde e inexperta opinión es que acabamos de empezar con una rama de la ciencia extraordinariamente apasionante como es la astrobiología, quizás la conclusión sea cierta, sería lógico pensarlo, en nuestro sistema solar por ahora solo conocemos un tipo de vida (tampoco nos hemos molestado en buscar más de forma seria), pero si algo hemos aprendido en nuestra corta evolución como especie es que cada vez que soltamos una verdad incontestable, a los pocos siglos nos la tenemos que tragar, de ser el centro del universo a tener centenares de exoplanetas orbitando a lo largo y ancho de toda la Vía Láctea hay un largo camino de humillaciones.

No cometamos el mismo error ahora. El tiempo en encontrar vida fuera de nuestro planeta será mucho más largo si partimos con prejuicios. Veo muy difícil encontrar una colonia de E.Coli en una piedra de Titán o un hongo adherido a una placa de hielo en Europa. Si vamos con un instrumento capaz de encontrar ADN quizás lleguemos a la conclusión de que no existe vida mas que en nuestro pequeña bola azul,… o quizás no.

Nuestro planeta cuenta solo una historia dentro de la enorme enciclopedia de la vida en el universo. Habrá historias parecidas a la nuestra y otras totalmente diferentes.

Sea de una manera o de otra se avecinan tiempos muy interesantes.

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