Sin ciencia

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A finales del siglo XX y principios del XXI, grandes e ilusionantes proyectos hervían a lo largo y ancho de todo el goblo.

La medicina empezaba a avanzar con marcha decidida en su lucha contra enfermedades hasta ahora invencibles.

La supervivencia en todos los tipos de cáncer aumentaba exponencialmente por momentos, nuevos tratamientos menos agresivos y más específicos se cernían contra una de las mayores plagas a la que la humanidad había tenido la desdicha de enfrentarse.

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Nuevas terapias basadas en la genética y en el uso de células madre, habrían caminos desconocidos hasta entonces. Regeneración de células cardiacas dañadas tras un infarto, injertos en pacientes con enfermedades neurodegenerativas, transplantes de médula ósea que llegaban a dejar en remisión patologías tan agresivas como las leucemias y los linfomas…

A la par se avanzaba en la lucha ancestral contra las infecciones. Los antirretrovirales de nueva generación habían domado virus como el VIH, la vacunación preventiva había erradicado la viruela de nuestros hospitales y mermaba a viejos conocidos como el sarampión.

Nuevos antibióticos retomaban el pulso contra las resistencias generadas por el mal uso de sus predecesores. Incluso asociaciones nunca antes usadas sorprendían a bacterias armadas con la fuerza que proporcionan millones de años de evolución.

Todos estos avances habían dotado al ser humano de una longevidad y calidad de vida nunca conocida hasta la fecha.

De repente, alguien decidió que no era el camino a seguir. Pensaron que se estaban destinando demasiados fondos a la ciencia y a sus investigadores. Nos vendieron la excusa de una crisis como jamás antes se había conocido. Nos vendieron que no había más remedio.

Los laboratorios se quedaron sin subvenciones, todos los días se apagaban microscopios, se colgaban batas.. Luego fue peor… El estado del bienestar empezó a desmoronarse desde sus cimientos. Quirófanos cerrados, hospitales al borde de la quiebra, puertas de urgencias saturadas. No parecía tener fin aquella locura.

Epidemias y enfermedades, que ya parecían olvidadas, empezaron a sorprender a los pocos sistemas de salud que aún se mantenían con dignidad. Los indices de supervivencia empezaron a descender a niveles de décadas pasadas.

Las grandes fortunas pensaron que restringiendo el estado del bienestar, éste duraría más tiempo y se salvaría de la quiebra. Se equivocaron. Tardadon el mismo tiempo en enfermar que aquellos a los que se les había negado la entrada al sistema. No se dieron cuenta que los virus y las bacterias no sabían distinguir entre personas con mayor o menor patromonio. Fue un error de cálculo…

(extracto recuperado de una memoria usb datada en el año 2036)

Post dedicado a la iniciativa de lainformacion.com bajo el lema #sinciencia no hay futuro

Si es ciencia ficción o no lo vamos a ver de aquí a muy poco tiempo.

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