Imagen del exoplaneta con menor masa capturado hasta la fecha

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El telescopio japonés Subaru ha capturado la imagen del exoplaneta GJ 504 b, uno de los más pequeños fotografiados hasta la fecha y el de menor masa.

El pequeño píxel que observamos es, en realidad, un gigante gaseoso de unas cuatro veces el tamaño de Júpiter, orbitando a una gran distancia de su estrella madre.

Con el telescopio Kepler fuera de servicio y a la espera de los nuevas sondas James Webb y Tess, los telescopios en superficie terrestre han tomado el relevo en la búsqueda de planetas fuera de nuestro sistema solar.

GJ 504 b es un planeta muy alejado de la zona habitable de la estrella a la que orbita, al menos 44 veces la distancia que separa la Tierra del Sol, más allá de la órbita de Plutón si lo comparamos con nuestro sistema solar. Estas enormes distancias facilitan a nuestros telescopios el poder captar el tímido brillo que reflejan planetas tan alejados de nosotros.

Por ahora las imágenes que nos llegan siguen el mismo patrón, grandes gigantes gaseosos orbitando a distancias considerables de sus estrellas. Poco a poco se va consiguiendo disminuir ambos parámetros.

Las nuevas cámaras planeadas para finales de 2014 puede que nos ayuden a la hora de fotografiar planetas con un tamaño parecido al terrestre. La Gemini Planet Imager va a ser instalada en el telescopio Gemini South en Chile para esas fechas y se espera de ella que rastree unas 600 estrellas en sus dos primeros años de vida.

Más tarde una nuevo instrumento será colocado en el Very Large Telescope. Con el nombre de SPHERE su meta será la de fotografiar gigantes gaseosos alrededor de estrellas cercanas.

La meta de todos estos pequeños pasos es la de poder tomar la imagen, en un par de décadas, de un pequeño planeta de tipo terrestre orbitando en la zona habitable de su estrella. Ese píxel llegará antes o después.

Primer tránsito de un exoplaneta detectado a través de rayos X

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Por primera vez desde que empezamos a descubrir exoplanetas una observacion en rayos X ha detectado un exoplaneta pasando por delante de su estrella.

Se trata del sistema HD 189733 situado a 63 años-luz, los cazadores esta vez han sido el telescopio Chandra y el XMM Newton de la ESO.

Hasta ahora teníamos cientos de tránsitos en el espectro visible de la luz, ninguno en el rango de los rayos X. Esto puede revelar nuevas propiedades de los exoplanetas estudiados.

El planeta HD 189733b es del tamaño de nuestro Júpiter pero orbitando muy cerca de su estrella madre, unas treinta veces más cerca que la distancia que separa la Tierra del Sol. Realiza una órbita cada 2.2 dïas.

Este Júpiter caliente es el más cercano conocido, por eso se está convirtiendo en uno de los exoplanetas más estudiados, los astrónomos quieren saber más sobre qué tipo de planeta es y conocer datos sobre su atmósfera.

Ya fue estudiado por el telescopio espacial Kepler y por el Hubble, confirmando este último su azulado color como resultado de cristales de silicio en su atmósfera (el primer exoplaneta del que sabemos su aspecto, ya comentado en el blog previamente)

El estudio a través de rayos X ha revelado más pistas acerca de su atmósfera. El descenso de radiación recibida en este espectro fue tres veces mayor que el observado en el de la luz visible. Esto sugiere que hay capas de la atmósfera que son transparentes para la luz visible y opacas para los rayos X, por lo que la atmósfera es mucho más gruesa de lo que pensábamos.

Los astrónomos ya conocían por anteriores estudios que la cercana estrella está evaporando la atmósfera de HD 189733b a lo largo de los años. Se estima que está perdiendo una masa entre 100 y 600 millones de kilogramos por segundo.

Todos estos datos van a ser actualizados con las nuevas observaciones. Este exoplaneta se está convirtiendo en el banco de pruebas para conocer un modelo de sistema planetario que se repite con demasiada frecuencia en nuestra galaxia, el de un gigante gaseoso orbitando a escasa distancia de su estrella.

Nada que ver con nuestro sistema solar.

Fuente: nasa

Uno de los dos giroscopios del Kepler ha respondido

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Este pasado Jueves 18 de Julio el equipo del telescopio espacial Kepler comenzó con los intentos para recuperar los dos giroscopios (reaction wheels en la imagen) que dejaron en «modo seguro» al telescopio espacial Kepler.

Los tests consisten en probar los giroscopios 4 y 2, intentando averiguar si van a poder volver a funcionar.

La rueda 4 no respondió a los intentos por moverla en dirección a las agujas del reloj, aunque si lo hizo en la dirección contraria. Este giroscopio es el más dañado de los dos que han fallado.

El 22 de Julio comenzaron las pruebas con la rueda número 2, y aquí vienen las buenas noticias, respondió al movimiento en las dos direcciones.

Durante las dos próximas semanas van a seguir las pruebas. Recordemos que con que una sola funcionara, el telescopio volvería a tener los tres giroscopios necesarios para volver a reiniciar su actividad y poder apuntar a los objetivos con la suficiente precisión.

El problema de la fricción de las ruedas sigue ahí. Aunque se muevan, una alta fricción también daría al traste con la misión.

La actividad del equipo del telescopio no ha cesado, la recuperación de los giroscopios dañados, el mantener la sonda en buen estado de salud y los dos años de datos almacenados que aún deben ser procesados los mantienen muy ocupados.

Vamos a cruzar los dedos…

Fuente: nasa

La primera evidencia de vida fuera de nuestro planeta no tardará en llegar

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La primera prueba de vida en un lugar que no sea la Tierra no va a tardar en llegar mucho más tiempo.

Algunos pensábamos que vendría fruto de la exploración robótica de nuestro propio sistema solar. Una misión a Marte con los instrumentos adecuados para investigar vida microbiana en el subsuelo, un explorador al inmenso oceáno de Europa o un rover a Titán.

Pero todo eso tardará décadas en materializarse, los recortes han frenado en seco todos estos apasionantes proyectos.

La primera señal de vida llegará en forma de una señal pasiva, algo que nos indique que ha sido formado por la existencia de vida o el desarrollo de alguno de sus procesos, todo indica que se hallará en la atmósfera de algún exoplaneta y todo indica que será pronto.

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Los planetas con atmósfera confirmada son el mejor lugar para empezar la búsqueda de vida, es lógico que dirijamos nuestra mirada hacia capas de gas rodeando un mundo rocoso, que le dote de fuentes de energía y protección de las radiaciones provenientes del espacio. Los instrumentos que vienen, sobre todo el telescopio espacial James Webb, van a permitir escrudiñar esos preciosos nichos de habitabilidad de forma inimaginable solo hace unos pocos años.

Lo primero que debemos determinar es si es una atmósfera que merezca la pena ser estudiada. La mayoría de los planetas hallados por el Kepler no cumplen las mínimas condiciones de habitabilidad, al menos en principio.

Una atmósfera de un grosor parecido a la nuestra y situada a una distancia de su estrella que permitiera unas temperaturas aceptables sería un punto de partida excelente.

En la Tierra hay abundancia de oxígeno, una sustancia gaseosa resultante de la vida que inunda nuestro planeta. Un exoplaneta con enormes cantidades de oxígeno y metano podría significar que hay algún proceso vivo que los está generando, algo los metaboliza.

Pero distinguir las trazas de estos gases en atmósferas situadas a varios años luz no es tarea fácil. Hasta ahora se ha podido realizar mediciones de unos 50 planetas, todos ellos enormes gigantes gaseosos de estructura similar a nuestro Júpiter orbitando a distancias muy pequeñas de sus soles, mundos que dificilmente podrían albergar ningún tipo de vida.

Con los medios actuales es muy complicado cazar esos biomarcadores en pequeños planetas potencialmente habitables. El oxígeno presenta muchas dificultades para ser localizado en un espectro, el metano es más sencillo de encontrar aunque también necesita de poderosos telescopios, tanto que aún no está claro si el Webb podrá hacerlo.

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Otras métodos que barajan los exobiólogos sería el de observar otros signos de la atmósfera que no fueran las sustancias que la componen. En la Tierra es muy frecuente que todas las formas de vida desperdicien energía que no pueden usar, en nuestro caso las plantas reflejan fotones que no llegan a utilizar, si la masa vegetal es lo suficientemente densa puede observarse un resplandor en la parte infrarroja del espectro, un «halo rojo» que podría ser observado en otras atmósferas.

También se habla de usar imágenes directas del objetivo, como ya ha pasado con la primera determinación del color de un exoplaneta que resultó ser de un hermoso color azul, aunque no por las causas a las que estamos acostumbrados sino por la existencia de silicatos en estado cristalino.

Quizás el observar un tímido color verde nos podría dar pistas sobre una posible vida basada en la fotosíntesis, aunque otros colores podrían ser válidos, todo depende del pigmento que usaran para acumular la luz de su sol. Aquí se usa la clorofila A lo que explica que la mayoría de plantas sean verdes. Otras estrellas con diferentes longitudes de onda provocarian el desarrollo de diferentes tipos de pigmentos (u otras estructuras similares) lo que daría lugar a otros tipos de colores predominantes en el planeta.

Debemos estar preparados para muchas variantes, se aproximan tiempos muy bonitos para la astrobiología. Los próximos 5-10 años prometen y mucho.

Primera imagen de una línea de nieve en otro sistema planetario

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Imagen de ALMA de la línea de nieve del monóxido de carbono

El telescopio ALMA ha obtenido la primera imagen de monóxido de carbono en forma de nieve situada en el disco protoplanetario que rodea a la estrella de tipo solar TW Hydrae.

El sistema solar donde se ha realizado el descubrimiento es relativamente joven, el proceso ya era conocido pero hasta ahora no se había podido fotografiar. Estas estructuras suelen aparecer en las regiones más alejadas y frías de los discos a partir de los que se forman los sistemas planetarios. El agua suele ser la primera en llegar al punto de congelación, luego a medida que las temperaturas dentro del disco protoplanetario van disminuyendo suelen empezar a convertirse en nieve moléculas como el dióxido de carbono, el metano y el monóxido de carbono.

Estas formaciones juegan un papel muy importante a la hora de formar los futuros planetoides, los granos de polvo ya recubiertos de nieve ofrecen más resistencia a separarse tras una colisión. El proceso de acrección a través del cual se forman los planetas se ve favorecido por esta especie de «pegamento», facilitando la formación de cuerpos cada vez mayores.

Según el comunicado de la ESO «la línea de nieve detectada por ALMA es la primera detección de una línea de nieve de monóxido de carbono entorno a TW Hydrae, una estrella joven que se encuentra a 175 años luz de la Tierra. Los astrónomos creen que este incipiente sistema planetario comparte muchas características con nuestro propio Sistema Solar cuando tenía tan solo unos pocos millones de años.»

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Recreación de las líneas de nieve en torno a TW Hydrae

La existencia de monóxido de carbono en un sistema estelar tan joven podrían ser muy buenas noticias para los futuros planetas que pudieran formarse. El CO es necesario para la formación de metanol, el cual es imprescindible para la aparición de moléculas orgánicas, esenciales para la vida tal como la conocemos.

Imaginemos grandes cometas provenientes de la parte externa de este sistema solar primigenio transportando en su interior tan preciosa carga hacia los planetas situados en la zona habitable. Imaginemos colisiones, esta historia ya nos suena ¿no?.

Y lo mejor está por llegar, esta imagen se ha conseguido con solo 26 de las 66 antenas del complejo ALMA, otras observaciones nos muestran indicios de líneas similares alrededor de otras estrellas. Cuando este coloso de la exploración astronómica esté plenamente operativo la información sobre la formación y evolución de los sistemas planetarios será enorme. 

Fuente: eso

Descubierto por primera vez el verdadero color de un exoplaneta

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Recreación de HD 189773b

Este hermoso azul intenso es el verdadero color de HD 189773b. Por primera vez astrónomos han determinado el verdadero color de un exoplaneta usando datos del telescopio espacial Hubble.

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El proceso ha sido largo y laborioso. La cercanía del planeta a su estrella natal dificulta el aislar la luz que refleja su sol de la que refleja HD 189773b. Las medidas han sido tomadas antes, durante y después del tránsito.

«Hemos visto el reflejo de la parte azul del espectro cuando el planeta pasaba por detrás de su estrella» explica Tom Evans primer autor del artículo.

A pesar de su familiar color azul la superficie ronda los 1000 grados centígrados, se cree que el color azulado puede provenir de partículas de silicio suspendidas en la atmósfera, que sometidas a tan altas temperaturas podrían estar formando cristales.

Es azul, está relativamente cerca (si podemos llamar cerca a 63 años luz), pero no sería un buen destino para el ser humano.

Fuente: Hubble site

Mapa celeste en alta resolución para localizar exoplanetas

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Un mapa a una resolución de 8000×4000 mostrándonos el cielo nocturno con la posición de las estrellas más cercanas con exoplanetas. Hay 116 astros en 100 años luz que poseen mundos orbitándolos en esa distancia.

El mapa se puede imprimir hasta 100×50 cm a una resolución de 200 dpi. Solo pinchando en la imagen.

Antes mirábamos nuestras cartas estelares para localizar estrellas, cúmulos, galaxias,… ahora podemos mirar al cielo para buscar planetas fuera de nuestro sistema solar.

Fuente: Planetary Habitability Laboratory

Dos exoplanetas totalmente cubiertos de agua

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Dos enormes esferas totalmente azules orbitando a una estrella naranja. Dos hermosos mundos totalmente cubiertos de agua, un océano global sin ningún trozo de tierra a la vista.

Estas son las vistas que podría tener cualquiera que se diera una vuelta por el sistema Kepler 62, según nuevos modelos presentados por el Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics.

De los cinco planetas que rodean a la estrella, dos se encuentran justo en la zona de habitabilidad, una distancia que permitiría la existencia de agua líquida en superficie. Los dos planetas son Kepler 62e y Kepler 62f, y orbitan su estrella cada 122 y 267 días, respectivamente.

Descubiertos por el método de tránsito desde el telescopio espacial Kepler, sabemos de ellos que son supertierras, siendo 62e un 60% más grande que nuestro planeta y 62f un 40%.

Son demasiado pequeños como para medir sus masas, pero los astrónomos esperan que estén compuestos por tierra y agua, con una atmósfera no demasiado gruesa.

Los nuevos modelos informáticos darían a Kepler 62e una mayor densidad de nubes que nuestro planeta. Mientras que Kepler 62f necesitaría un mayor efecto invernadero para ser capaz de albergar agua en su superficie. La mayor distancia a su pequeña y fría estrella podría haberlo convertido en una gigantesca bola de hielo.

Temperaturas no demasiado extremas y una superficie totalmente cubierta de agua formarían un escenario muy apetecible para la aparición de vida. Si a todo esto le sumamos los miles de millones de años de estabilidad que suponen orbitar a una enana roja tenemos materia para soñar un poco.

En nuestro sistema solar no hay ningún mundo con estas características. Podemos imaginar las respuestas que daría la evolución en caso de que existieran formas primitivas de vida, solo tenemos que ver el ejemplo que nos brinda nuestra propia evolución.

Lo interesante sería observar como se desarrollaría la tecnología de una especie sin fácil acceso a los metales, la electricidad o al fuego. Quizás conseguirían una civilización mucho más avanzada que la nuestra, o quizás sería un impedimento demasiado grande…

Fuente: dailygalixy

Cruce de miradas con 22 años de diferencia

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Foto del sistema triple Gliese 667 tomada el 29 de Junio de 2013

A veces miras una imagen, de forma rápida, la escaneas unas pocas décimas de segundo. Son píxeles plasmados sobre una pantalla, nada más. Si los píxeles conforman una imagen que tu cerebro estima como hermosa quizás, solo quizás, te detengas un poco más en observarla. Puede que te evoque algún recuerdo, alguna emoción vivida con anterioridad, que despierte alguna sinapsis neuronal creada hace años…

Hace pocos días se daba la noticia del descubrimiento de tres nuevas supertierras orbitando en la zona habitable de la estrella Gliese 667 C. El nuevo descubrimiento elevaba hasta siete los mundos pertenecientes al sistema planetario encontrado alrededor de esta estrella, siendo el planeta denominado como f un candidato firme para la habitabilidad.

El observatorio Jaioca en Puerto Rico abrió sus ojos para obtener una imagen de este sistema estelar único hasta donde nosotros los humanos podemos saber.

Y aquí tenemos esa reunión de píxeles de la que hablábamos, los dos componentes más brillantes son Gliese 667 A y 667 B, orbitando la una junto a la otra a una distancia de unas trece veces la separación tierra-sol, y a casi 230 unidades astronómicas encontramos nuestra pequeña Gliese 667 C, la estrella más pequeña del conjunto, con siete mundos girando a su alrededor.

Quizás un astrónomo de una de esas tres exotierras que están situadas en una zona donde el agua puede permanecer en estado líquido, haya mirado alguna de vez a una pequeña enana amarilla situada a 22 años luz de su sol, quizás tengan la tecnología suficiente para saber que tiene tres planetas orbitando en su zona habitable (como nosotros habrá pensado), pero en sus divagaciones quizás habrá desestimado la posibilidad de que haya vida alrededor de un sistema tan diferente al suyo, con una sola estrella mucho más grande y brillante que su confortable sol materno, con planetas en zona habitable pero demasiado pequeños como para poder retener una atmósfera que pudiera protegerlos de tan grande cantidad de radiación.

«No, la vida lo tendría muy difícil para sobrevivir en un ambiente tan diferente al nuestro, los sistemas triples son la clave», pensaría desde su observatorio.

Puede que merezca la pena mirar los píxeles de esta foto, perder un par de sinápsis en recordarlos (tenemos millones), quizás los miremos de otra manera en unos años. Puede que estemos cruzando alguna mirada que otra.

Fuente: universetoday

La búsqueda de seres vivos fuera de nuestro planeta con una sola definición de vida.

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La explosión «cámbrica» de descubrimientos acerca de nuevos planetas más allá de los confines de nuestro sistema solar nos lleva, irremediablemente, a poner sobre la mesa, de nuevo, la eterna pregunta sobre si existe o no vida fuera de la Tierra.

No es culpa nuestra, no es sensacionalismo, estamos viendo que nuestra galaxia a la mínima oportunidad que tiene crea un sistema planetario alrededor de cualquier tipo de estrella, en cualquier tipo de condiciones y, por lo que estamos comprobando, con la mayor celeridad posible.

Le da igual que sea una pequeña y poco brillante enana roja, como si se trata de un sistema triple o un cúmulo estelar, el tiempo y la evolución se encargarán de ajustar órbitas, masas y tamaños… el hecho es que donde miremos, si sabemos mirar adecuadamente, es fácil que encontremos un mundo girando alrededor de un astro (incluso los hemos encontrado vagando solos por el cosmos).

Nuestra referencia sobre lo que significa el concepto de vida está totalmente influenciado por el único ejemplo que conocemos, el nuestro. Una vida que ha evolucionado en un planeta tipo terrestre, cubierto en su mayor parte por masas de agua salina, protegido por una atmósfera con una proporción de gases muy determinada, orbitando a una enana amarilla. La vida que conocemos está profundamente ligada a la química del planeta en la que ha surgido, como debe ser.

Miramos a nuestro alrededor y solo vemos distintos moldes sacados de un mismo patrón, la teoría de un ancestro común a toda la vida terrestre actual, LUCA, nos impide que encontremos ningún otro concepto de vida. Los blogs y páginas de ciencia de todo el mundo reventarían si encontrásemos un organismo en nuestro planeta con 8 o 9 nucleótidos diferentes, si un biólogo mostrase un animal que se basara en la química del silicio o a una bacteria con una pared celular basada en el hierro. No habría servidores en internet capaces de aguantar los ríos de caracteres que se iban a verter. Y lo sabéis.

El problema viene cuando lo que pretendemos es buscar vida fuera de nuestro planeta, ¿qué es lo que exactamente buscamos?. Solo tenemos una definición de vida centrada en una única experiencia, no sabemos nada acerca de como puede haber evolucionado la vida en un entorno totalmente diferente al nuestro, no sabemos las respuestas que puede haber dado la evolución a los millones de problemas que se le pueden haber puesto en su camino, no sabemos nada, no tenemos una definición de vida real.

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A la hora de seleccionar que exoplanetas pueden ser más favorables para poder ser candidatos a soportar organismos vivos, nos guiamos por el concepto de «zona habitable», aquella región alrededor de una estrella donde el planeta puede, potencialmente, tener agua líquida en su superficie. También nos emocionamos si además encontramos un planeta con tamaño similar al terrestre dándose una vuelta por esa zona habitable, y pegaremos saltos de alegría cuando a ese planeta de tamaño parecido a la tierra que está a una distancia de su sol adecuada para la existencia de agua líquida en superficie le encontremos una pequeña luna o una atmósfera con trazas de sustancias orgánicas. Y nada más.

No sabemos lo que buscamos, ni hacia donde tenemos que mirar. Nuestra tecnología avanza más rápido que nuestras teorías acerca de lo que podemos encontrar fuera de la Tierra. Pronto tendremos al telescopio espacial James Webb enviando datos asombrosos sobre planetas extrasolares, otros telescopios terrestres se están construyendo con los mismos fines para la tercera década de nuestro siglo. Tenemos que tener muy claro que ni orbitamos alrededor de la estrella más común de nuestra galaxia, ni nuestro planeta es del tipo más frecuente. Ni siquiera nuestro sistema solar parece ser muy común por ahí fuera. Debemos tener claro lo únicos que somos y que con casi toda seguridad lo que encontremos fuera de nuestra atmósfera no tenga nada que ver a lo que estamos acostumbrados. La definición de vida tendrá que ser reescrita una y otra vez. Cada planeta con diferente química, diferente distancia a su sol, radiación recibida, grosor y presión atmosférica, tiempo de formación, impactos recibidos por otros cuerpos,… nos dará una nueva definición de lo que la vida es. Y estaremos encantados de haberla descifrado.

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