Lo ha anunciado esta tarde a través de twitter. Elon Musk y su compañía SpaceX tienen la intención de hacer aterrizar una cápsula Dragon modificada para Marte (conocida como Red Dragon) en apenas dos años, y cuando decimos dos años decimos 2018…
Imaginar una Red Dragon a lomos de un cohete Falcon Heavy aterrizando en las rojizas explanadas de Marte es una locura, y lo peor de todo esto es que esta vez es una propuesta que puede hacerse realidad. El cohete Falcon Heavy está en fase de pruebas y empezará sus primeros vuelos a finales de este mismo año.
La Red Dragon es una cápsula muy parecida a la Dragon que ya viaja con regularidad a la Estación Espacial, con un sistema de aterrizaje que le permitiría posarse suavemente sobre la superficie marciana. Además la nave estaría preparada para recoger muestras y traerlas de vuelta a la Tierra, algo que sería de gran ayuda para las primeras misiones tripuladas.
Como nos encanta soñar, y este hombre está demostrando que se puede empezar a soñar con lo que va anunciando, esta sería la secuencia del primer viaje hacia Marte de una cápsula (no tripulada en su primer viaje).
Cohete Falcon Heavy despegando desde Cabo Cañaveral en 2018 con una Red Dragon a bordo
Una cápsula Red Dragon entrando en la órbita marciana
Entrada de la cápsula en la fina atmósfera de Marte
La Red Dragon enciende los cohetes para iniciar un descenso dirigido hacia la superficie marciana
Descenso controlado con retrocohetes en una hermosa planicie marciana
Una cápsula humana en Marte. Primer gran paso hacia el viaje tripulado.
Imagen del Hubble con la nueva luna del planeta enano Makemake
El telescopio espacial Hubble acaba de hacer otro descubrimiento y van ya muchos…
Una pequeña y oscura luna ha sido identificada orbitando al planeta enano Makemake, el segundo más brillante del cinturón de Kuiper después de Plutón.
La luna ha recibido el nombre provisional de S/2015 y es unas 1.300 veces más débil en brillo que el planeta enano al que orbita.
Estaría situada a unos 21.000 kilómetros de Makemake y su diámetro sería de unos 160 kilómetros.
Las observaciones fueron realizadas en abril de 2015 pero el descubrimiento se ha anunciado hoy.
Órbita de Makemake alrededor del sistema solar
El descubrimiento hace que las similitudes entre Plutón y Makemake sean mayores. Ambos son mundos helados cubiertos de metano, ahora un posible sistema de lunas alrededor del planeta enano nos habla de una pléyade de mundos en el cinturón de Kuiper mucho más complejos de lo que creíamos en un principio.
Acaba de ser publicado un nuevo estudio que sugiere la posibilidad de que la estrella Gliese 832 albergue un planeta muy parecido a nuestra tierra orbitando entre 0.25 UA y 2 UA de distancia (1 UA es la distancia que separa nuestro planeta del sol).
El sistema planetario de Gliese 832 se encuentra a «solo» 16 años-luz del nuestro y ya tiene dos planetas extrasolares confirmados con anterioridad. Uno recibe el nombre de Gliese 832b, y es un gigante gaseoso una masa 0.64 veces la de nuestro Júpiter, orbitando a una distancia de 3.53 UA de su sol.
El otro exoplaneta es una supertierra conocida como Gliese 832c, un mundo potencialmente rocoso con una masa 5 veces la de nuestro planeta y orbitando extremadamente cerca de su estrella, apenas a una distancia de 0.16 UA.
Ambos mundos fueron descubiertos por la técnica de velocidad radial, lo que da muchos datos acerca de sus órbitas. Lo que ha hecho el equipo del astrónomo Suman Satyal es reanalizar los datos existentes para intentar inferir la existencia de un mundo orbitando entre los dos planetas.
Las simulaciones realizadas por ordenador revelan la posible existencia de un planeta del tipo terrestre situado a casi la misma distancia que separa el sol de nuestra tierra. Los modelos indican que podría ser más masivo que nuestro planeta (entre 1 y 15 masas terrestres), todo dependería de la distancia real a la que se encontrara de Gliese 832. De estar justo a 1 unidad astronómica la masa sería de 10 veces la tierra.
Las misiones que sustituyan al telescopio espacial Kepler ya saben dónde dirigir sus primeras miradas, en el vasto espacio que existe entre dos exoplanetas situados a 16 años-luz puede que orbite un mundo muy parecido al nuestro.
Y en eso que terminas de redactar el anterior post y echas un vistazo a la cuenta de New Horizons Image, y ves esta preciosidad. Un minuto y cincuenta segundos de verdadera belleza, un Plutón que empieza a ser iluminado por la suave luz de una estrella situada a 5.000 millones de kilómetros, resaltando sus elevadas montañas de casi 3.000 metros de altitud, o su azulada atmósfera compuesta por multitud de capas de neblina con diferentes materiales orgánicos, o…. hermoso, muy hermoso…
Cráter Haulani a todo color desde la nueva órbita de la sonda Dawn (Nasa/JPL)
Hoy nos han llegado nuevas imágenes tomadas desde solo 385 kilómetros de altitud. La sonda Dawn ya está en la órbita más cercana a la superficie de su misión al planeta enano, desde allí nos muestra la belleza y el brillo de varios cráteres.
El primero que vemos es el cráter Haulani, de unos 34 kilómetros de diámetro, con evidentes muestras de deslizamientos de terreno desde el borde de su cráter. Materiales lisos y una cumbre central destacan en la superficie del interior del cráter. Otro aspecto destacado son las líneas de color azulado que nos hablan de material eyectado tras el impacto, un material que parece no ser muy antiguo.
Cráter Haulani desde 385 kilómetros (Nasa/JPL)
El cráter Haulani podría ser un ejemplo de un impacto reciente en la superficie de Ceres. La ausencia de otros cráteres de impacto en su interior es una pista importante para determinar su juventud. Además llama la atención la naturaleza poligonal del cráter, lo que puede hacer sugerir que existe (o existió) algún tipo de falla en el subsuelo.
Imagen del cráter Oxo desde 385 kilómetros de distancia (Nasa/JPL)
Luego nos encontramos con el maravilloso cráter Oxo, solo superado en brillo por el famoso cráter Occator (el de las manchas brillantes). Las pendientes de las paredes del cráter son extremadamente acusadas, y en ellas existe material que ha vuelto a caer sobre la superficie después del impacto.
En el interior de Oxo se han encontrado trazas de minerales totalmente diferentes a todo lo que se ha visto en el resto del planeta enano, algo que se está estudiando con detenimiento desde el control de la misión.
Dawn va a continuar desvelándonos los secretos de Ceres durante más tiempo de el esperado, se ha ahorrado combustible como para alargar la misión un poco más, y eso son muy buenas noticias.
Anoche, por unos segundos, nos trasladamos al verdadero siglo XXI que todos esperábamos de pequeños.
Mientras descendía, con verdadera maestría, la primera fase del cohete Falcon 9 sobre una pequeña barcaza situada en medio del Atlántico, el tiempo pareció dilatarse. Por unos segundos no estábamos en un siglo XXI dónde el mar Egeo escupe niños sin que nos dé vergüenza pertenecer a la especie humana, dónde la palabra de un estúpido dios es aval suficiente para asesinar a cientos de personas o dónde la mentira y la superchería necesitan muy pocas palabras para destrozar a la razón.
Solo pasaban 8 minutos y 30 segundos desde el despegue del cohete de SpaceX en Cabo Cañaveral cuando las imágenes se centraron en la barcaza llamada «Of course I still love you» situada a unos 300 kilómetros de la rampa de lanzamiento, una barcaza pilotada a distancia en medio del océano atlántico…
Y entonces ocurrió esto…
Y esto (desde la cámara a bordo del Falcon 9)
En cuestión de segundos la enorme primera fase del Falcon 9 trazó una precisa maniobra que la posó con extremada suavidad a unos pocos metros de la enorme X situada en el centro de la nave. Tras numerosos intentos fallidos (solo uno exitoso pero en tierra firme) el ansiado objetivo de recuperar gran parte de un cohete, tras colocar una carga en órbita geoestacionaria, para poder volver a reutilizarlo se hacía realidad.
Recuperar más del 80% de lo gastado en el lanzamiento es fundamental para poder aventurarnos a objetivos más ambiciosos fuera de nuestra atmósfera. Y no sólo eso, también desarrollar una tecnología de aterrizajes precisos nos acerca al otro gran objetivo de esta centuria, Marte.
El resto de la misión sigue, en estos momentos, desarrollándose con total normalidad. La cápsula Dragon se dirige hacia la Estación Espacial portando en su interior un pequeño módulo experimental inflable conocido como BEAM, que se acoplará a uno de los puertos de la estación para crear un espacio habitable adicional.
Recreación el módulo inflable BEAM ya unido a un módulo de la EEI
Esperemos que los éxitos no se reduzcan al hito de ayer. Por lo pronto nos queda la agradable sensación de ver un enorme cohete aterrizar con precisión tras cumplir su objetivo, nos queda el pequeño placer de haber visto, durante solo unos segundos, el futuro que todos esperábamos…
Al fin podemos observar en todo su esplendor las famosas manchas brillantes del cráter Occator.
Mientras nuestra especie pone todo su empeño en autodestruirse (ya sean europeos, árabes o lo que se tercie) una pequeña sonda orbita un pequeño mundo y nos envía imágenes tan bellas como la que abre el post.
Es la hermosa mancha central del cráter Occator, de un precioso color blanco brillante y con cambios de tonalidad en su parte central, depósitos de sales según los últimos datos de la Nasa, pero con un origen aún incierto. Lo que sea que lo forma aún está activo, se ha comprobado que los materiales que la forman se volatilizan al estar bajo la luz del sol y la mancha no decrece por lo que existe una tasa de recuperación. (Muchos vemos la imagen y lo primero que pensamos es vaya pedazo de criovolcán tenemos delante)
Manchas brillantes alojadas en el lecho del cráter Occator (NASA/JPL/UCLA)
La mancha principal tiene un diámetro de nueve kilómetros y está conectada por un sistema de grietas con el resto de manchas de menor tamaño presentes en el lecho del cráter. Se desconoce el origen de las grietas pero es fácil pensar que comunican, de alguna manera, el interior del planeta con la superficie, estando íntimamente relacionadas con la presencia de las manchas.
Mapa global de Ceres obtenido por la sonda Dawn (NASA/JPL/UCLA)
La sonda Dawn ya se encuentra en su órbita más cercana a la superficie del planeta enano a sólo 385 kilómetros de altura. Desde allí sigue mandando datos sobre un mundo que ha fascinado a los astrónomos. La imagen superior es un mapa global de Ceres, y en ella se han exagerado la tonalidad de los colores para poder diferenciar las distintas composiciones minerales. Si nos fijamos bien podemos ver sitios donde predomina el color azul, esos terrenos son candidatos a estar compuestos por hielo de agua, algo que el espectrómetro de la nave ya ha confirmado que existe en el cráter Oxo.
Imagen del cráter Oxo. La flecha señala la concentración de hielo de agua (NASA/JPL/UCLA)
Poco a poco nos irán llegando más datos de Ceres que permitirán que entendamos más otro de los planetas enanos que han resultado ser más complejos de lo esperado.
Formación que asemeja a un lago helado en Plutón (NASA/JHUAPL/SwRI)
A medida que la sonda New Horizons va mandando más datos del sobrevuelo del pasado 14 de Julio lo que vamos conociendo de Plutón nos va sorprendiendo, y de qué manera.
Los modelos que llegan sobre cómo ha cambiado el clima y la presión atmosférica del planeta enano a lo largo de millones de años nos conducen a un pasado fascinante… puede que hace unos centenares de millones de años ríos y lagos de nitrógeno líquido corrieran por la helada superficie de Plutón. Hay modelos que indican que la presión atmosférica pudo ser lo suficientemente alta como para derretir el nitrógeno.
La imágen que abre el post tiene muchas de las características que se le puede atribuir a un lago helado. Pocas explicaciones geológicas pueden explicar los suaves contornos y el contraste del hielo del interior del supuesto lago con el resto de la superficie circundante.
Estructuras que pudieron ser excarvadas por nitrógeno líquido (NASA/ JHUAPL/ SwRI)
Uno de las causas que puede haber provocado la existencia de líquido en superficie es la inclinación del eje de Plutón, está inclinado 120 grados (en la Tierra solo tiene 23 grados de inclinación), esto produce que a medida que el planeta enano orbita alrededor del sol se produzcan uno de los cambios estacionales más extremos del sistema solar.
Ahora mismo los modelos atmosféricos indican que la presión medida por la sonda es bastante más baja de lo que se podría esperar. Esto indica que el planeta se encuentra en una fase intermedia entre dos tipos de climas muy extremos.
Si todo esto se corrobora hace 800.000 años pudo haber ríos y lagos en un mundo situado a 5.000 millones de kilómetros del Sol. Y lo que es más sorprendente puede que dentro de otros tantos esa visión maravillosa podría volver a repetirse.
La misión extendida del telescopio espacial Kepler está siendo mucho más fructífera de lo esperado.
Esta vez el logro obtenido no tiene nada que ver con su incansable búsqueda de exoplanetas. Lo que ha conseguido ver Kepler es la primera onda de choque que se genera justo al comienzo de la explosión de una supernova.
En este caso la estrella observada ha sido KSN2011d, una gigante roja 500 veces mayor que nuestro sol situada a 1.200 millones de años luz. Lo que se ha visto es la muerte de una estrella desde sus primeros pasos. La explosión de una supernova de tipo II, como es la de este caso, comienza cuando la estrella se queda sin combustible causando el colapso de su núcleo debido a las enormes fuerzas gravitatorias de todas sus capas.
En el gráfico que abre el post podemos observar la curva de luz de la moribunda estrella. Debido a que es una gigante roja su brillo es de unas 20.000 veces el de nuestro sol. De repente los fotómetros del Kepler captan un súbito aumento en la curva de brillo, la primera explosión de la gigante provoca un estallido de luz equivalente a 130.000.000 veces el brillo de nuestro Sol.
Curva de luz de una supernova tipo II captada por el Kepler (NASA Ames)
Esa primera explosión solo duró 20 minutos y es la expulsión de las capas externas que han caído sobre el núcleo debido a la fuerza de la gravedad, a la que ya no se opone ningún tipo de fusión nuclear. Luego la curva sigue creciendo hasta llegar a ser 1.000.000.000 de veces más brillante que el sol.
Nadie sabe cuando una estrella va a convertirse en una supernova, por lo tanto captar un evento que solo dura unos 20 minutos solo puede conseguirse a través de una monitorización continua del astro. Esto es lo que ha conseguido Kepler, abriendo una nueva puerta al estudio de la formación de las supernovas… eventos que significan la muerte de una estrella y también la diseminación de elementos pesados fundamentales para la vida.
Imágenes de ALMA (izquierda) y el VLA (derecha) del disco protoplanetario alrededor de HL Tau (NRAO/AUI/NSF)
Dentro de la astronomía hay imágenes hermosas por su impacto visual y otras por los conocimientos que nos aportan.
Hace unos meses el observatorio ALMA recogía una de las imágenes más representativas de esta nueva edad de oro de la astronomía. Un disco de gas y polvo con numerosos surcos rodeando a la estrella HL Tau, una joven estrella situada a 450 años luz de nuestro planeta. (Es la parte izquierda de la imagen que abre el post)
La explicación que se dió a esa imagen fue que en los surcos del disco se estaban formando los nuevos planetas. Estos espacios vacíos eran el resultado de la formación planetaria y de haber limpiado toda la órbita de deshechos.
Todo correcto y acorde con nuestras teorías de formación de planetas, hasta que pasa lo de siempre, el cosmos nos sorprende…
La parte de la derecha de la imagen que abre el post es una nueva imagen obtenida por el Very Large Array (VLA). En ella podemos observar que la acrección de gas y polvo que formará el futuro planeta se está produciendo en la zona del anillo, no en la de los surcos. La concentración observada es de entre unas tres y ocho veces la masa terrestre y es un mecanismo de formar mundos no contemplado hasta ahora.
Imagen sobrepuesta del telescopio ALMA y del VLA ( NRAO/AUI/NSF)
Con este nuevo modelo de formación se solucionarían algunas de las dudas que se mantenían con el anterior. La formación de protoplanetas en el disco es una forma más rápida de generar planetas, el tiempo que dispone una estrella para formar planetas es limitado. Ahora mismo HL Tau tiene solo un millón de años (nuestro sol tiene 4.500 millones), aún no ha comenzado a quemar hidrógeno en su núcleo, pero dentro de poco comenzará su secuencia principal, la radiación que producirá el paso a su edad adulta disipará gran parte del disco y los planetas que no se hayan llegado a formar ya no podrán hacerlo.
Es increíble que podamos observar con tanta nitidez el nacimiento de un planeta alrededor de una estrella tan lejana. Y lo mejor es que en los próximos años vamos a poder verlo mucho mejor.